A UN AMIGO EN SUS DÍAS
 
Donarem...
Sed non hæc mihi vis...
Gaudes carminibus; carmina possumus
Donare.
HORAT.
 
Ora que al Cancro abrasador vecino
Nos vuelve el Padre de la luz tu día,
Y tardo guía al piélago de ocaso
Su ígnea cuadriga;
 
Índicas telas y chinescos vasos
Y candelabros de oro reluciente
Tu amigo ausente en prenda de cariño
Darte quisiera.
 
Pero, Batilo, la Deidad injusta
Que en rauda rueda sin cesar girante
Vuelve inconstante las humanas suertes,
Me lo prohíbe.
 
Me lo prohíbe; que de sus riquezas
En hambre torpe, a pérfidos tiranos
Nunca mis manos puras ofrecieron
Fétido incienso,
 
Ni vil lisonja mis vendidos labios;
Nunca me ha visto la africana orilla
En ímpia quilla sus tostados hijos
Arrebatarla.
 
Cultor humilde del pierio coro,
Tan solo aquestos, que en mi tosca lira
Ora me inspira, dedicarte puedo
Fáciles metros.
 
Dádiva pobre, más honesta y franca
Hija de un pecho que, Amistad, animas,
Y que tú estimas más que ricos dones,
Tierno Batilo.
 
Tú que del Pindo en su florida cumbre
Tal vez gustando el delicioso encanto,
Sabes del canto el poderío inmenso
Do se dilata.
 
¿Y qué sin canto y números sonoros
Fueran los héroes? Su brillante gloria
Con la memoria de su nombre hundiera
Ínvido el Lethe.
 
Que, allá en los tiempos primitivos, otros
Más que el monarca de Itaca prudentes,
Y más valientes otros que el Pelida
Hélade viera;
 
Más densa nube cércalos de olvido.
¡Tristes! La suerte les negara airada
La voz sagrada que desiertas tumbas
Célebres hace:
 
Vagan las sombras plácidas en torno;
Y al grato son del cántico divino,
El peregrino dice: «So esta tierra
»Ínclitos duermen.»
 
Fue, que Alejandro aquella voz oyera
Do goza Aquiles inmortal reposo,
Y «¡oh venturoso que un amigo hubiste
»Mientras vivías!
 
»Y ora en el lecho mortuorio halaga
»Tu paz eterna la meonia lira
»Que el orbe admira al relatar sublime
»De tus proezas.»
 
Dice y suspira, y humillado calla
Su antiguo ardor; mas hete que a deshora
Inspiradora de furor guerrero
Suena la trompa.
 
Férvida el alma con recuerdos nobles
Lánzase el Magno, y es su audaz cimera
La que primera, Gránico, tremola
Sobre tus ondas.

Manuel de Cabanyes Ballester


Anacreonte

Pacto infame, sacrílego
Con el Querub precito celebrara
Aquel que a un metal pálido
Primero dio valor inmerecido.
Lanzó del hondo báratro
El rey con mano avara el don funesto
Y al ver en ansia férvida
Arrojarse el mortal a devorarlo,
¡Ay! sonriose el pérfido,
¡Feroz sonrisa! y dijo: «El orbe es mío.»
Bañada en santas lágrimas
Con velo de dolor cubrió el semblante
La Virtud, y al Empireo
En alas vagarosas tendió el vuelo.
¿Qué de entonces los vínculos
Del Deudo y la Amistad? la sacrosanta
Fidelidad del tálamo?
La Fe del juramento? la Constancia
Burladora de déspotas?
¿Qué de entonces las leyes generosas
Del Honor, y en las bélicas
Lides el Entusiasmo de la Patria?
¡Prole sacra de Númenes!
Despareciste: solo, único el oro
De los hombres fue el ídolo;
Y a porfía en sus aras ofrecieron
Penas, trabajos ímprobos,
Simulada virtud, torpeza, crimen...
Sitibundos hidrópicos,
Cuanto más beben, más en sed se abrasan.
Ni mitigan el ávido
Furor cuantos mineros desde el suelo
Nebuloso del Anglia
A la mansión sonora de Adamástor
Y de las playas Índicas
A los campos de Luso deleitosos
La tierra oculta. Incógnitas
Regiones sueñas en su afán, las buscan
Y a merced de los rábidos
Vientos y embravecida mar incierta
Lanzan los vasos frágiles.
Tú viste ufana el temerario arrojo
De tus hijos ¡oh Hispania!
Tú de sus manos recibiste altiva
La corona de América...
¡Joya fatal! ¡jamás te ornara oh Madre!
Y en extranjeras márgenes
De tu seno arrancados no murieran
Por la flecha del Indio
Y ¡oh dolor! por la espada de Toledo
Tus malogrados jóvenes:
No en daño tuyo las peruanas sierras
En raudales mortíferos
Del ansiado metal ríos brotaran
Que tus campiñas ópimas
Convirtiendo cual lava abrasadora
En desiertas, en áridas,
Corrieron a engrasar extrañas gentes:
Y ¡oh! no fueras escarnio
De tus lejanos hijos, que abatida
Mirándote, en sus ánimos
Ingrato ardor de rebelión encienden
Y con sus manos ímpias
La diadema a tu sien arrebatando:
«Esta sola la mácula,»
Dicen, «borrar podrá que en nuestras frentes
»Vincularon los crímenes
»De nuestros padres: tú ya no eres digna.»
De los Pampas al México
Un clamor «¡Libertad!» fieros arrojan.
Y los odiosos vínculos
En insoldables trozos quebrantados
En las simas de Océano
Hunden ¡ay! que jamás sus presas vuelve.

Manuel de Cabanyes Ballester


EL ESTÍO

Cuncta terrarum subacta,
Præter atrocem
animum Catonis. 
HORAT.
 
Gala y beldad y juventud y copia
De frutos varios ufanosa ostenta
Natura; y hombres, brutos,
Inanimados troncos,
Rudos peñascos y ligeras auras5
De la gran madre la fecundia sienten.
 
Desde el alto cenit, el que en su seno
Derramara calor vivificante,
Monarca de los días
Se huelga en contemplarla;
Y los bridones férvidos reprime,
Que el carro arrastran en tardío curso.
 
¡Astro mayor del firmamento, salve!
¡Desparcidor de tempestades, fuente
De luz, amor del mundo!
Sobre los cerros patrios
Hijo yo del ardiente mediodía
Vengo a adorarte ¡oh Sol! y en ti me gozo.
 
¡Divinidad! ¿de esos ardientes rayos
Inspiradores de entusiasmo y vida,
Porque al poder inmenso
Las testas de los héroes
Lozanas otra vez no se resucitan,
Como el fresco botón de la azucena?
 
Y las que yacen en silencio antiguo
Ciudades de alto nombre entre ruinas,
¿Por qué otra vez sus torres
Y gigantes murallas,
Cual de hojas nuevas pirenaico abeto,
De activa muchedumbre no coronan?
 
¡Ay! ¡qué es el sueño de la muerte el suyo!
Y lo duermen los hijos de la Fama,
Y Babel y Palmira,
Y contigo ¡oh Cartago!
Que el Beduino galopando insulta,
Tu funesta rival también lo duerme.
 
A esclavitud, asolación y muerte,
¡Oh Roma! condenada desde el punto
Que la virtud antigua
Y severas costumbres
Mofando, el oro y fútiles arreos
Cual sierva persiana apeteciste.
 
Hacia ti con deseos criminales
La su vista de águila volviera
Entonces de las Galias
El domador, cual mira
Hambriento azor de la región del éter
La que va a devorar tímida garza.
 
¡Astro del Orión! hermoso brillas
En las noches de otoño; mas tu lumbre
Nuncia de tempestades
Llena de luto el alma
Del labrador, que en torno el duro lecho
Enjambre ve de nudos parvulillos.
 
Mensajera de mal la estrella Julia
Así de Italia apareció en el cielo,
Cuando el falaz caudillo
Su corazón de piedra
Cerrando de la patria al triste ruego,
El prohibido Rubicón salvaba.
 
Consternación!!! Desatentada inunda
La ítala gente la ciudad eterna;
Los padres la abandonan,
Y el héroe en quien su amparo
Creyó encontrar. «-¡Huyamos!... Do los libres,
»Allí Roma estará y allí la patria.»
 
Mas ¡ay de mí! Los libres han caído!!!
Cual rápido huracán impetuoso
Desde tu amena margen,
Oh Segre, a las comarcas
Tésalas vuela el dictador impío
Y victoria fatal sigue sus huellas.
 
Entonces fue que la indomada frente
Con la corona universal ceñida
Roma humillara al yugo:
Lo vio vengada Grecia,
Y un grito alzó de júbilo, que el eco
Repitió de Numancia en las ruinas.
 
Fue entonces que gloriosa muerte huyendo
Muerte halló infame el adalid vencido;
Y ¡oh baldón! imploraron
Un perdón de ignominia
Los viles campeones de la patria;
Y esclavo prosternose el orbe todo:
 
Mas no Catón; que de la infausta lucha
Un noble hierro conservara el héroe,
Y pensó «aún soy libre;»
Y contempló sin grima
A las úticas torres avanzarse
Del parricida Capitán la hueste.
 
Ni un solo acento pronunció: brumaban
Ideas de dolor su alma sublime.
La raza de Quirino
Vio envilecida; viola
De romper incapaz el nuevo yugo
Y el alto espirtu recobrar antiguo:
 
Y a su destino obedeció... Y en balde
Pensó el Liberticida entre la turba
Verle de sus esclavos:
En balde; que al impío
Soberano poder da acaso el Numen,
Pero el imperio de las almas nunca.

Manuel de Cabanyes Ballester


La independencia de la poesía

Eu nunca consenti que a minha lyra
fosse lyra de cortes:
a verdad, a so unica verdade
soube inspirar-me o canto.
Francisco Manoel

Como una casta ruburosa virgen
se alza mi Musa, y tímida las cuerdas
pulsando de su arpa solitaria,
suelta la voz del canto.

¡Lejos, profanas gentes! No su acento
del placer muelle corruptor del alma
en ritmo candencioso hará suave
la funesta ponzoña,

¡Lejos, esclavos! Lejos: no sus gracias
cual vuestro honor trafícanse y se venden;
no en sangri-salpicados techos de oro
resonarán sus versos.

En pobre independencia, ni las iras
de los verdugos del pensar la espantan
de sierva a fuer; ni, meretriz impura,
vil metal la corrompe.

Fiera como los montes de su Patria,
galas desecha que maldad cobijan:
las cumbres vaga en desnudez honesta;
¡mas guay de quien la ultraje!

Sobre sus cantos la expresión del alma
vuela sin arte: números sonoros
desdeña y rima acorde; son sus versos
cual su espíritu, libres.

Duros son, mas son fuertes, son hidalgos
cual la espada del bueno: y nunca, nunca
tu noble faz con el rubor de oprobio
cubrirán, madre España,

cual del cisne de Ofanto los cantares
a la reina del mundo avergonzaron,
de su opresor con el infame elogio
sus cuitas acreciendo.

¡Hijo cruel, cantor ingrato! El cielo
le dio una lira mágica y el arte
de arrebatar a su placer las almas
y de arder los corazones;

le dio a los héroes celebrar mortales
y a las deidades del Olimpo… El eco
del Capitolio altivo aun los nombres,
que él despertó, tornaba,

del rompedor de pactos inhonestos
Régulo, de Camilo, el gran Paulo
de su alma heroica pródigo, y la muerte
de Catón generosa.

Mas cuando en el silencio de la noche
sobre lesbianas cuerdas ensayaba,
en nuevo son, del triunviro inhumano
la envilecida loa;

se oyó, se oyó (me lo revela el Genio)
tremenda voz de sombra invincada
que: ¡Maldito, gritó, maldito seas,
desertor de Filipos!

Tan blando acento y a la por tan torpe
tuyo había de ser, que el noble hierro
de la Patria en sus últimos instantes
lanzando feamente,

¡deshonor!, a tus pies, hijo de esclavo,
confiaste la salud: ¡maldito seas!
Y la terrible maldición las ondas
del Tíber murmuraban.

Manuel de Cabanyes Ballester





Al lector

1

Las palabras son vírgenes difíciles,
y escribir es arder en sus desaires,
y más quererlas, y asediar a un sexo
adivinado entre su noche oscura,
y enloquecer, y suplicar, y ya
propicias ellas, las palabras, vienes
tú y tú las gozas. Tanto urdir y arder,
¿sólo valió para una dicha ajena?

2

Digo mi palabra y todos
entienden lo que yo digo.

Alguno, hasta entiende el canto
de mi pájaro de símbolos.

Pero nadie sabrá nunca
el vuelo, el árbol, el nido.

Manuel Mantero Sáenz


En lo alto

La ninfa ha despertado.
Desnuda, no me teme.
Cansada está de tanto andar en sueños.
La hierba la sostiene como a cáliz tendido.
Vierte la fuente un agua confiada
en donde beben los que duran.
Ciervos rondan, perdices sobrevuelan.

Digo en voz baja mi deseo
y ella: “No. Volverás a mí
cuando aprendas los gestos y palabras
de los dioses.

                        Vuelve
cuando hayas aprendido a contemplarme.
Ver es humano y contemplar, divino

Manuel Mantero Sáenz



Eternidad

Ante mí, comprenderás
lo vasto
de la eternidad.

Lo ebrio
de la eternidad.

Lo amargo
de la eternidad.

Manuel Mantero Sáenz



GENERACIÓN POÉTICA DEL 50 (O DEL 60)

Míos son vuestra edad, nación, idioma,
no vuestro tema. No os entiendo,
oh aburrida asamblea monocorde
a los pies de los ídolos abuelos.
Me indago
como una espina penetrando un cuerpo,
lloro en Dios porque lloro lo que borro,
excavo mitos y en sus atrios duermo,
mi muerte tiene forma esbelta de ángel
no sé si de la guarda o del tormento,
mi palabra se afirma entre mis manos
golpeada y vertical (Colón y el huevo)
y es mi poesía contingencia mágica,
moderno aroma, juventud del hueso.

Esta mañana, al levantarme,
en vosotros pensé. No os pertenezco.

Manuel Mantero Sáenz



Juventud

Sé que la juventud
es igual en cualquier parte: joven. Y sé
que su vino es efímero.
Que la vida parece mejor de lo que es.

Pero tanto que sé, yo lo daría
por beber en su vaso otra vez.
Una vez.

Manuel Mantero Sáenz



La queja herida

Poeta. Es decir, náufrago que grita,
que quiere sacudirse la tristeza
de su isla desierta y exquisita,
cuando la muerte a rodearlo empieza.

Su queja, cada día, arroja escrita
al mar: botella verde, uña, corteza.
Cada día, iza al cielo una infinita
bandera roja que arde en la maleza.

Y si algún transatlántico de espanto
sorprende su mensaje de humo y llanto,
es inútil la búsqueda, el viaje.

La expedición arribará a la playa
y el poeta, en su cueva más salvaje,
esperará de nuevo a que se vaya.

Manuel Mantero Sáenz



“Siempre he pensado en la poesía como interpretación del mundo. No conocimiento, ya que me parece una exagerada arrogancia la pretensión, epistemológica y ontológica, de conocer la realidad que percibimos o que no percibimos, lo de fuera y lo de dentro. Cualquier tipo de arte y no sólo la poesía, debe pretender una transfiguración de lo real a través de la visión propia, un mágico nombramiento de lo real.”

Manuel Mantero














"A mí me interesa mucho la estructura de un libro, y la estructura de las obras de arte en general. La estructura es ya, en sí misma, una categoría estética. Esas cuatro partes son las cuatro columnas que sostienen el mundo de la Humanidad alrededor de sus sueños, que son muchos a lo largo de la Historia, los de la razón y los del irracionalismo. Los dos han dado lo mejor y lo peor de sí mismos, y también han producido monstruos, como nos recordó Goya."

Manuel Ruiz Amezcua


"Como decía alguien por ahí tendríamos que ponernos de acuerdo en qué significan hoy las palabras responsabilidad, poeta y sociedad. Sobre todo, para los poetas. ¿Qué pretenden hoy los poetas? ¿Para quién escriben, para el presente o para el futuro? Habría que recomendarles algunos poemas al respecto: A un poeta futuro, de Cernuda, por ejemplo; o Para quién escribo, de Vicente Aleixandre. Y otros de los clásicos de distintas épocas y de distintas lenguas, así haríamos la respuesta más universal. Es lo que han pretendido los grandes poetas, siempre, con sus poemas. ¿Sigue hoy esto así? ¿Nos hemos instalado de nuevo en lo diletante y lo frívolo? ¿Nos ha servido de algo la experiencia del Holocausto, ahora que se cumplen 75 años de aquello? La respuesta puede ser otra pregunta, y otra y otra, y otra, y muchas más. A lo mejor así recuperamos todo lo que se parece a lo sólido."

Manuel Ruiz Amezcua



El alimento de los dioses

Lo que encierran los sueños
se agacha en los sepulcros
y se esconde en las grutas,
araña los tejados
y entretiene a los muertos.

Los sueños se alimentan
con la envidia de la falta.
Y los guía un dios casi desnudo
con la lanza rota por la lengua.

Una vieja dormida en su tristeza
pregunta a los demás por su destino.
Y un águila, cansada de los cielos,
asesina a un pastor en una cueva.

Reían las mujeres en la noche.
Las sombras se agachaban con el día.

Y era todo radiante como siempre.

La multitud dio gritos de alegría.

Y los buitres bajaban los cadáveres.


Manuel Ruiz Amezcua


El espíritu vacío

Consiguió crear siempre
una atmósfera de sospecha
alrededor de nuestro propio mundo.

Es imposible saber de su vida.

Nunca busca cobijo
en nada que lo ampare.

Nunca dijo su verdad.
Nunca dice la verdad.
Nunca nos dirá nuestra verdad.

Sus armas preferidas
son las voces del viento.

Sus ojos no se encuentran con tus ojos
y se pierden en lo oscuro,
en lo oscuro de lo oscuro.

Un ser extraño y más que loco, que ama
y dicta tu final.

En un mundo donde solo la muerte
nos dicta la verdad,
ya no hay nombres para Dios.

Tampoco para el Diablo.

Manuel Ruiz Amezcua



"Es verdad que en mi poesía existe una celebración de la vida. Es decir, hay una crítica, un discurso de responsabilidad, de buscar la causa de la injusticia y de tantas otras cosas, pero también hay una celebración de la existencia. El hecho de sentirse pleno cuando existe la justicia, cuando existe el amor, la amistad... es decir, esos contrarios de la celebración de la vida y, al mismo tiempo, denunciar sus injusticias también son dos constantes que forman parte de la lucha de contrarios. Y también hay mucha celebración hasta de las mismas ciudades, de los personajes históricos, que hablan por sí mismos. Yo tengo muchos monólogos dramáticos, con personajes como Andrés de Vandelvira o Goya que cuestionan la realidad y al mismo tiempo celebran lo que la vida tiene de celebración."

Manuel Ruiz Amezcua


Escribir sobre cosas

Escribir sobre cosas
que no tienen sentido,
que nunca lo tuvieron
y que no lo tendrán jamás.

Conformar el destino
que no nos pertenece
y arañar el amparo
de la inutilidad.

Saber que todo llega muy deprisa
para quien no cree en nada
y se olvida de todo,
lo que está violentado
y lo que no.

Empezar y no acabar nunca nada
y volver a empezar
sabiendo que nunca nada encierra nada
y que nada tiene sentido
salvo el tiempo en su destrucción.

Consumirse despacio
y vivir rodeado
de la más absoluta negación.

Ver la eterna necesidad de todo
y alzar en las palabras
la única salvación.

Manuel Ruiz Amezcua



"He tenido una trayectoria llena de dificultades, pero también he tenido la suerte de que grandes de las letras se han fijado en ella. El problema es que, como no me adapto a lo que dice el poder que hay que decir, soy un poeta digamos de minorías, lo cual no está mal tampoco siempre que esas minorías te lean como me han leído a mí, con devoción durante mucho tiempo."

Manuel Ruiz Amezcua


"He tratado de seguir un camino distinto, que no tenga nada que ver con lo que ha seguido la poesía que ha estado de moda en los últimos treinta y tantos años. Ese camino encuentra dificultades de encaje en las tendencias que han atendido los críticos literarios, o al menos en las que más han atendido." 

Manuel Ruiz Amezcua



"Intento universalizar a la provincia en mi poesía."

Manuel Ruiz Amezcua


Ítaca

Los cantos de las sirenas
son el canto del misterio
del universo, que hace imposible
la huida de tu pasado.

Impulsados por la oscuridad
son una fuerza terrible.

Son el viaje al inframundo
y la historia del regreso
a un presente desterrado.

Es la antigua presencia,
que regresa de nuevo,
y a la que ya no puedes dominar.

Es una eternidad mirando a otra
la que tiene su centro
en los caminos de lo universal,
y a la que no podremos dominar.

Por ella circula la vida.
Sin miedo, y con deseo,
te ofrecerá el camino.

Míralo de nuevo, y echa a andar.

Manuel Ruiz Amezcua



La España eterna
 (y profunda)

                                                 [A   Juan  Mengíbar]
 

Tienen el alma impermeable,
creo que escribió Machado.
Devotos y matuteros,
les dejó como epitafio.
Cambian siempre de chaqueta,
si les ofrecen buen caldo.
Los conozco hace ya tiempo.
Los sufro hace muchos años.
A los que van como pícaros
y a los que ejercen de santos.
A los que van de rebeldes
y viven como vasallos.
A los que ejercen de nobles
y actúan como villanos.
Reconozco a los hundidos
y conozco a los salvados.
Oteo a los redimidos
y veo a los condenados.
Me asustan los poderosos
que aumentan siempre lo malo.

Sé de esas leyes eternas.
Sé de esa casta de sobra.
Sé de esa noche y sus sombras.
De los que roban a solas
y de los que en las tribunas,
con mucha y buena tramoya,
engañan a sus esclavos.

Como  a buenos feligreses,
a ellos todo les da igual.
Su único Dios: el dinero.
Su única patria: medrar. 

Como buenos parroquianos
siempre fueron muy taimados
y durante cuarenta años
glorificaron a Franco
con sus mismísimas manos.
Y nunca  contra el tirano,
ni  contra nada del clero,
que nada manifestaron.
Cultivaron el silencio,
y los que nunca callaron
esos fueron muy poquitos
y lo acabaron pagando.
Esos fueron unos cuantos
y lo pagaron muy caro.
De los otros, los de Franco,
ahora gobiernan sus hijos
hace casi cuarenta años,
como lo hicieran sus padres.
Y siguen los mismos pasos.
Y siguen libres las manos
para robarnos los cuartos. 

Siempre tuvieron muy cerca
la intención de la venganza
para convertirse en amos. 

Se vengaron como siempre
y disfrutaron odiando. 

Se vengarán cuando puedan,
llevándose lo que quieran.

Y cuando no puedan vengarse en ti,
lo harán  en tu descendencia.

Manuel Ruiz Amezcua


La gloria se pudre sola

La calumnia, que adorna vuestras bocas.
La injuria, que ampara vuestros labios.
La mentira, que os hizo miserables. 

Esa vileza crónica
curtida en la rapiña del poder.
Esa mirada, tan vacía
de ideas como ahíta de miseria.
Esas palabras, huecas como el aire.
Esa infamia, cocida a cieno lento.
Ese astuto rosario de maldades
de antiguos perros de siempre,
hoy con distintos collares. 

Esa sabiduría en el engaño.
Esa lenta basura programada
de mugre vuestra con cabal conciencia.
Esa cucaña. Esa maldad siniestra… 

Todo lo que me empuja a contestaros
que vuestra vida es una ofensa,
que habéis perdido la memoria y la vergüenza.

Manuel Ruiz Amezcua



"(La gran poesía es la que nos entrega) el núcleo de la condición humana, su verdad intemporal: su resistencia al tiempo y al olvido."

Manuel Ruiz Amezcua


“Me identifico con la atención creciente a lo que ha vivido, y vive, en los márgenes.”

Manuel Ruiz Amezcua



"Quien tiene la responsabilidad de las palabras, y la responsabilidad con las palabras, siempre atiende a esas dos grandes dimensiones de la escritura. En los grandes poetas que a mí me interesan, los que han escrito en castellano y los que han escrito en otras lenguas, siempre aparecen la ética y la estética. El tanto por ciento reservado a una y a otra puede variar, pero siempre está presente. A mí me interesan mucho los poetas que funcionan con ideas, y estos siempre tienen presentes las ideas estéticas. Los poetas que no son libres, los que sirven a una determinada “ideología”, incluida la del mercado, siempre propagan el discurso del poder que los sostiene, y de eso están hablando siempre: del discurso de su partido, de su señor, del oro de su becerro. Son siempre sectarios y lo enmascaran como pueden.
Son los llamados poetas oficiales, los encumbrados por el poder al que sirven. Lo que dicen en sus catecismos y proclamas políticas acerca de la solidaridad, la verdad, y otras grandes palabras, es pura mentira. Y se corresponde con lo que escriben. En realidad, son pícaros, ahora con carrera universitaria. El saber oficial, las verdades oficiales, les han servido siempre, y les sirven, para ocupar (siempre) la primera fila de lo social y lo político. La poesía, el lenguaje, la responsabilidad con las palabras, y con las ideas, y con el individuo, y con la sociedad, no les interesaron nunca. Les interesa el engaño. No hay más que observar su trayectoria social y política. El engaño a los ojos, como decía Cervantes. El premio que lleva su nombre ha sido concedido este año a un señor que sólo ha escrito en castellano unos cuantos poemas primerizos. La casi totalidad de su obra ha sido escrita en catalán, y él mismo se ha traducido al castellano. Grande hazaña. Pero este año tocaba catalán y separatista. Esto último lo pueden comprobar en un vídeo en Youtube (Fiestas de La Mercé, 2010), en el que este señor proclama esta tendencia suya, a la cual tiene derecho como ciudadano, faltaba más. Poco antes de darle el Cervantes le dieron también el premio Reina Sofía. Adivina adivinanza. El mismo año que, para formar Gobierno en España, los que lo querían formar, y lo han formado, necesitaban el voto de los separatistas. Este es el patio de la cultura oficial, así se da ejemplo. Que yo sepa, solo un periódico español ha denunciado esta trapacería y ha apuntado al verdadero muñidor en las sombras, al que lo ha gestionado todo. El poeta catalán premiado, luego del premio, en un suplemento cultural semanal y nacional, le dio las gracias al conseguidor y pidió para él el próximo Cervantes. Tú me lo consigues a mí para que yo te lo consiga a ti. Faltaba más.

Manuel Ruiz Amezcua


"Toda mi poesía, desde 1974, ha ido contracorriente, pero a mí esto no me extraña, ni debe extrañarle a nadie. La historia de la poesía española es siempre la historia de sus excepciones, que quedan fuera muchas veces de las tendencias dominantes: no encajamos en una serie de características que tiene la poesía mayoritaria, la oficial, la que el poder está siempre propagando y que coloca en primerísima fila porque ese poder está orgulloso de que estos poetas oficiales repitan lo que el poder quiere que digan. No son poetas que tengan una libertad, sino una ideología, y a mí me interesan más las ideas que la ideología. La ideología te hace esclavo, las ideas te hacen libre."

Manuel Ruiz Amezcua





Arte poética

By this, and this only, we have existed.
T .S. Eliot

La letra más que marcar llamea
Desgarra la esteparia faz del papel
Para ser cuerpo en el tiempo
Madura gacela palpitante.

Un silencio transparente hiere
Es el blanco vacío derramado
El rayo que en vano nombra.

Ahora el fuego ha encendido luces
Para dar significado al eclipse
y desvelar el misterio escrito.

La torpe oscuridad se fatiga.
Siete veces el esplendor dará batalla.
Y la vida y la muerte serán del poeta.

Marcos-Ricardo Barnatán





El lugar del poema

No está el poema
Más allá de la palabra
Lo encierra el fuego del verbo
Late en el rayo violáceo que recibimos
Para ablandar la noche
Para entender la oscuridad del mundo.

En los arduos cristales del silencio
Brotó la rosa y nos dio la vida
El alto poder de poder nombrarla.

No está el poema
Más allá de la palabra
Se forja como el hierro y es ceniza
Aún caliente en el hueco de la tierra.

Está vivo en la letra que sangra
Estampado en nuestra memoria plural
Y el aire sabe arrastrarlo como un astro fugaz
Mostrando su bifronte cuerpo hecho
De gozo y de doliente despedida.

Somos los que se van.
Quizás sólo somos agua y tiempo
Y lenguaje.

Marcos-Ricardo Barnatán



"El tiempo pasa y las personas van cambiando, aunque quizás en lo esencial no cambien. Pero cambian las apariencias, las máscaras. Soy el mismo que escribía hace cincuenta años, pero con otra máscara."

Marcos-Ricardo Barnatán



"Yo creo que siempre el escritor tuvo muy difícil ganarse la vida con su literatura salvo excepciones contadísimas y casi todas muy contemporáneas. El éxito comercial es algo muy nuevo en la literatura. Borges se ganaba la vida como bibliotecario, conferenciante, profesor. Nunca vivió de sus libros. Cortázar fue un gran traductor y vivía de eso. Esto ocurre siempre, salvo que hayas heredado unas rentas, como Proust."

Marcos-Ricardo Barnatán


"Yo creo que uno es lo que es en el principio. Y yo, desde hace muchos años, me siento poeta por encima de todo. Durante mucho tiempo y desde muy joven me gustaba ir haciendo un libro de poemas y, paralelamente, uno de narrativa."

Marcos-Ricardo Barnatán


"Yo siempre he visto el cuento como una zona intermedia entre la poesía y la novela, pero creo que el cuento está mucho más cerca del poema que de la novela. Es una especie de tierra de nadie entre los dos géneros."

Marcos-Ricardo Barnatán