"Adoptó una expresión de triste recogimiento. Pero no le salía bien. Era como si a la fuerza quisiera ponerse en la cara una máscara demasiado pequeña."

Sławomir Mrożek


El futuro

El futuro es un enigma, pero ¿para qué están los augurios? Los antiguos vaticinaban por el vuelo de las aves y de este modo llegaban a saber lo que les esperaba. Incluso yo mismo puedo vaticinar mi futuro.

Fui al parque, donde pájaros no faltan. Algunos volaban, otros estaban posados en los árboles, otros merodeaban por el césped. A mí me interesaban solo los voladores.

Alcé la cabeza y empecé a observarlos. No llevaba esperando mucho cuando sentí en la calva un ¡plaf! y mi futuro se me hizo simbólicamente claro.

He averiguado una sola cosa acerca del futuro: no vaticinar nunca por el vuelo de las aves sin un buen sombrero.

Sławomir Mrożek



El socio

Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene
el hombre, de modo que esperaba hacer un negocio colosal.
El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico,
la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como
roído por las polillas,
los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado
así por mi inapreciable alma?
—¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.
—Sí, ¿por qué lo duda?
—Me esperaba al Príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como
Una chapuza.
—A tal alma tal diablo –contestó–. Vayamos al negocio.

Sławomir Mrożek



La precaución

No me gusta marcharme el último. Por eso siempre estoy pendiente de cuántos vamos quedando en la barra. Cuando veo que solo dos, me vuelvo a casa. La tristeza de un bar solitario después de medianoche se la dejo a otro.

Acababa de marcharse el tercer cliente y, aparte de mí, solo quedaba ya un gordo.

Entregué un billete al camarero.

—No tengo cambio —me dijo—. ¿No tiene usted para cambiarme? —se dirigió al gordo.

Este no contestó.

—Está borracho —le dije al camarero.

—Me parece que es algo peor que eso —dijo el camarero observando al gordo—. Creo que está muerto, habrá que llamar a un médico.

Desde entonces me marcho cuando en la barra quedamos tres.

Toda precaución es poca.

Sławomir Mrożek


La revolución

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

Sławomir Mrożek


"La vida es sencilla, es sólo mi imaginación la que la complica sin necesidad."

Sławomir Mrożek



"Yo formaba parte de ellos. Llevaba su uniforme. Sin embargo, nadie sabía que yo era uno de ellos sólo para esconderme de ellos. Dentro de sus filas estaba seguro."

Sławomir Mrożek











No hay comentarios: