"Con el estómago vacío no se puede escribir, ni hacer nada, te sientes muy débil. Pero si no tienes comida, escribes igual. Se escribe mejor bien alimentado, pero sobretodo, muy enamorado, aunque despechado también."

Francisco Massiani


En la hora del odio

En la hora del odio
cuando las agujas se detienen
en el mismo lugar del fuego
cuando el sol es una aguja
que pincha la pupila
y se derrite en tu espalda
ardiendo cuando los pájaros se queman
en el aire y caen sobre el techo
hecho de cadáveres
llega la inútil poesía con un ti en la sien.

En el momento de los cigarrillos
multiplicados con la misma acidez
cuando el aire tiene olor a murciélago
y a cabellos achicharrados
cuando los niños son entregados en la hoguera
a fin de alimentar el verano asesino
este maldito verano de mi país
cuando son entregados los trofeos
en el rito de la muerte
y caen orejas y brazos y manos
y labios y cabezas en la hoguera
llega inválida y cojeando la puerca poesía
o con un tiro en la sien.

O cuando la lluvia inicia su paseo matutino
arrastrando las huellas cansadas
y limpiando la máscara de acero
que cubre indiferente nuestra
maldita ciudad
cuando la lluvia se muerde con los cigarros
y se detiene a figurar las nubes rotas
y asustadas llega cojeando a toda prisa
la inútil poesía con un tiro en la sien.

O cuando te desprecias
en la hora donde las horas
se unen en un mismo punto
en el mismo deseo de desaparecer
en la hora condenada al fuego lento de la rabia
y el cuchillo en la carne inocente de cualquiera
o cuando es en la tarde
y el sol está rojo de vergüenza
por tanta ternura consumida
por tanta ternura caída
o cuando es de mañana
y vuelve el día con sus
martillazos en los dedos
o cuando más gustes desgraciado
el caso es que llega
la inútil poesía
cojeando
o con un tiro en la sien.

Y escribes poesía
ya viejas de tanto cantar con la misma garganta
acostumbradas a ceder en el mismo miedo
caen dos y cuatro y hasta cinco poemas
y el último con un tiro en la sien
ardiendo de sol en el lugar

donde sangra.


Francisco Massiani



Es irremediable…

Es irremediable;
Cuando tienes los ojos abiertos
apareciendo en la memoria de mis manos
el color de tus senos
el sudor de tus senos
entonces te lo mereces todo
Triste
fatalmente
creo el mundo solamente tuyo.

Francisco Massiani



Macuto

El hombre
Del mar
Está solo
Un viejo y un niño pescan
Entre las rocas
La esperanza que no tiene el hombre
Que camina al frío del mar

La gaviota
Corta
El aire
Pájaro invisible de la eternidad.

Dejo la casa
Con absoluta pulcridad
Quiero que mi mujer
Se desvista de belleza.

Los atletas revientan con el trote
Las uvas de playa
En silencio
De mar
Los atletas trotan a ninguna parte
Acompañan el silencio del mar.

Mi mujer y yo
Jugamos en la arena
Como niños
Jugamos
A acertar
Con las piedras
Sobre un arco oxidado
Recordando
Los amores rotos.

Limpio la casa con absoluta pulcridad
Quiero que mi mu
Se desvista de belleza.
La gaviota
Corta el aire
Pájaro eterno de la eternidad

Me levanto en la madrugada
Limpio todo lo que encuentro
Los ceniceros
Los platos
Las ollas
Todo lo que encuentro
Lo sucio
La mugre
En una bolsa de plástico
Mientras los alcatraces
Se clavan en el mar
Quiero que mi mujer
Encuentre la casa
Con absoluta
Pulcridad
Que se desnude de belleza.

La gaviota corta el aire
pájaro invisible de la eternidad,
eternidad
pájaro invisible.

En la noche
Dos catedrales iluminadas,
Sobre el horizonte
Desnudan
A mi mujer en la arena.
Gaviota que corta el aire
Pájaro invisible
Eternidad
Pájaro invisible.

Los atletas revientan con el trote
Las uvas de playa
Rabia de mar
Nada se oye
Los alcatraces
Se clavan en el mar.

El mar borra
Las huellas
De los trotadores.

Francisco Massiani


Para escribir un poema

Yo
saco mi colt
la hago danzar brillante en el cielo
y cuando encaja en mi
mano bandolera
disparo tres poemas
que serán tres palomas
que serán tres banderas
que serán tres sombreros
y tres conejos
y tres lunas
y veinticinco amores.
Fácil lograrlo
y he aquí una de las recomendaciones
para conseguir tal destreza
y exactitud en el manejo de mi colt:
beberse más de trescientos litros de cerveza
enamorarse por primera vez de una mujer
que te mira con lástima
ser el primer jugador de fútbol de tu equipo
pero errar el chute más importante,
el del último campeonato del año escolar.
Viajar más de once veces en barcos diferentes,
y en mares diferentes.
No llegar jamás al puerto
que uno imaginó que debía llegar.
Pero en cambio encontrar el amor
en cada uno de estos puertos equivocados.
Ser fuerte, buen atleta, pero llorar por ejemplo
porque vimos un anciano
cuando cruzaba entre millares de carros.
Levantar más de veinte kilos con un brazo
como si fuera una flor
no poder levantar el ánimo
cuando nos dan una flor.
Reír
a carcajadas
en una esquina de alguna ciudad
sin motivo
soñar a los veintiocho años
con llegar a ser el mejor escritor del mundo.
Tomar un lápiz
y en vez de escribir un poema
hacer un barquito
o una escalera
o una mosca
o un paraguas de sol
y aceptar de una vez por todas
que no hemos nacido todavía.
Hablar mal del mundo
y amarlo tanto
como a una caja de fósforos
guardar un caramelo que nos dieron
hace diez años en una fiesta.
Botar el dinero.
Luego, cambiar el orden de todo esto,
y repetirlo, es decir, vivirlo.
Por ejemplo
Es decir:
Donde se lee:
«Levantar más de veinte kilos con un brazo»,
vivirse como:
Levantar más de veinte brazos con un kilo.
Donde se lee:
«Y en vez de escribir un poema
hacer un barquito»
vivir o hacer lo posible por vivir:
«en vez de escribir un barquito
hacer un poema».
Luego comenzar otra vez
en algún rincón del mundo.

Francisco Massiani


Recomendaciones

Hacer una estrella de papel
jugar con la arena
para que se escurra entre los dedos
el mar
entregar un caramelo a una señora de paraguas
ponerse de pie
cuando pasen los perros
dar una moneda
al viento
un beso
a la nada
un abrazo completo
a la mujer perdida
y convertida en árbol
estrella y arena
y mar y beso
y nada y estrella
buscarla
y amarla íntegra
para no cometer nuevamente la estupidez de sentirse
eterno.

Francisco Massiani


Ya no podría entrar en ti

Ya no podría entrar en ti
en tu gruta no habría más apetito
quizá Dios ya no dormía acurrucado
entre tus piernas.
Ya no habrían lunares tímidos que contar
en tus pechitos.
Ah! El apetito de vida se fugaba entre mis dedos
caía tembloroso en la tierra
sembraría por su cuenta
un ramillete de flores o
se dejaría tragar por la huella de tu
nombre. Esa huella que se abrió de tanto
mirar yo la tierra sonando tu nombre entre
mis labios
hueca inútil el eco
de tu nombre vacío:
fue ahí entonces donde asustado
puse el pie (quería correr, quería correr)
y caí en un abismo de nada.

Francisco Massiani


















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