Alba

Por despertar cosido a tu costado,
cómo agradezco, amor, la madrugada.
Dios se nos da en la luz recién creada,
eterno Dios, oh, Dios recién creado.

Seguro y fiel estoy a tu costado,
vuelto del bronco sueño y de la nada,
y en tibia claridad sobre la almohada
pensando nazco, niño y sin cuidado.

Pues reposadamente y en secreto
me recreas en tus maternidades,
déjame perezoso en esta aurora.

Déjame, amor, bajo la manta quieto,
rehecho de sudor y de verdades
en tu naturaleza creadora.

Antonio Pereira



Cuando  llueve...  

  Cuando llueve en el mundo
yo conformo
mi paso a la canción
        verde del agua,
puedo reír,
besar,
amar bajo las lonas,
puedo incluso olvidar
que está lloviendo...

Antonio Pereira



Emigración

Los dejamos marchar
como se escapa el agua
pura entre nuestras manos,
que luego nunca vuelve.

Antonio Pereira



Oración

Señor ya sabes mis cuidados con el butano y los grifos
todo lo cierro bien pero es difícil desentenderse
inspecciono la antena
las macetas con tantas criaturas que por debajo pasan
sufro mucho Señor
y aunque te agradezco no haberme hecho cirujano
ni conductor del autobús escolar
te pido que un ratito te quedes responsable
que aguantes todo esto mientras voy a un recado
y cualquier día no vuelvo.

Antonio Pereira



Poética

Ahora sé que es un crimen de lesa poesía
exprimirle a la almendra del verbo su licor
y entregarlo a los indiferentes.
Oh, tú, poeta pródigo,
malgastador de lo que sólo es tuyo
durante un breve relajo de los dioses.
Retén el aire en el pulmón florido
hasta la hora en que tu canto sea
disculpado por la necesidad,
no vayas a jurar el verso en vano.

Antonio Pereira


Solo la voz

Si tuviera una guitarra,
siempre callada estaría.
Me basta con las palabras.
La música va escondida.

Digo amor, y suena el mar
haciéndome compañía.
Dios grito, y no es una cuerda,
es mi corazón que vibra.

Canciones sin más ni más
que escribo, nunca más vivas.
Si tuviera una guitarra,
para qué me serviría.

Antonio Pereira



"Soy de una tierra fría pero hermosa."

Antonio Pereira


"Una vez estaba en la taberna el poeta inspirado haciendo su papel de poeta inspirado. Todos lo respetamos mucho en sus esperas de la voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto una página terminada. Vino un parroquiano de la taberna con la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el renglón que campeaba en la hoja:

Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos.

El verso hermoso, todavía único, con que iba a arrancar el poema. El parroquiano suspiró:—Es un buen empiece, poeta. Pero ahora, ¿qué?"

Antonio Pereira









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