Dos gordos en apuros

Empantanados, con los inspectores
fiscales bailándoles alrededor y perdiendo
popularidad entre los vecinos desde el
«tortugagate», mis padres
se plantearon la posibilidad de una tragedia
sobre la cría de asnos y la carpintería. En el ático, me gustaba pintar
a esos dos tecnócratas en el amanecer
de algún parque acuático, flotando
como un par de islas blancas y desconocidas. Pero
cada día los oía jadear en mi cuenta bancaria, asfixiando
mis pretensiones sindicales.

Escondidos detrás de nuestras herramientas
de bricolaje, mi mujer
y yo, cavamos
cada vez más profundo. Cada uno
he aplicado semanalmente una terapia experimental
sobre el otro, interrumpidos sólo por los sonidos
de un éxito deportivo en la distancia.

Aníbal Cristobo


Hija del pastizal (backpacker version)

A veces miro y está nevando sobre un parque
industrial, sobre el perro que custodia un hotel
bombardeado, sobre las plantaciones de arroz

controladas por puestos de vigilancia que se suceden
del otro lado de la ventanilla
del micro; y si puedo patear

debajo del asiento, y pateo, siempre espero encontrarte
dentro de mi mochila. Esa soy yo, leyendo

cómo irme, cómo fotografiarme
tomando este café con leche en otro highlight
de la carretera, en otro de mis hits
secretos. Una nota

en el diario dice: "dentro de poco

voy a llegar a un lugar igual a
éste, pero mucho
mejor; y mucho más lejano".

Aníbal Cristobo


Me having fun

Los sillones verdes con dibujos de ciervos, las revistas donde se hablaba de las secuelas del accidente, lo monstruoso de los helechos, lo mismo repetido como sombra después cuando se iba haciendo de noche y no quería. Cuando tenía ocho años y entraba al comedor, la araña de cristal y las copas, a veces si tenía fiebre, si pensaba en el último hámster, en la vez que lo llevó a la escuela. Una vieja pintando escenas de caza en un plato. Él mismo, cabeza abajo apoyado en un sofá durante horas.

Aníbal Cristobo




Tres grupos de hombres

El primero había sido dibujado en tinta china
sobre una balsa. Lo pintó la mujer de un amigo durante un ataque
de orientalismo: todos llevan maletines
y consultan sus relojes en medio de la bruma. Después supe
que se había ido a Waco en el 91. Se llamaba
«Las decisiones que nos han traído
hasta aquí». El segundo
parecía estar dentro
de uno de estos poemas: eran 5 o 6, todos
parecidos, interpretando
una coreografía demasiado complicada,
como si se tratara de una miniatura.
Atado, dentro de una bolsa
de plástico debajo de la lluvia, no pude verlos
escapar desde la terraza, tarareando melodías eslavas.
Años antes conocí al que finalmente sería el tercero: todavía
eran niños, y jugaban con las huellas de vidrio
de un frasco digital. Discutimos por cualquier tontería, les dije
algo injusto, y ahora, aquí, me gustaría disculparme
por eso.

Aníbal Cristobo


Una objeción

Objetos como estos potes, lociones de afeitar
correctamente etiquetadas y expresadas, colonias,
no son paradigmáticas, no sirven como recursos o ilustración de lo que
nos sucede

constantemente. No consiguen tampoco
crear un guión de nuestras actitudes: nos ponemos loción
y salimos; en el ascensor ya somos una incógnita
nueva, manchados por las dudas, o la desconfianza
ante un perro cuya mirada no puede comprenderse. Una mancha
de aceite, en la calle y un frasco de aceite, más tarde, en el
supermercado
establecen una relación necesaria; mentalmente
podemos regresar sobre esos datos: para imitarnos,

eliminamos las magnitudes despreciables; nos perfumamos
con actos improvisados, implorando
que ningún Jack Russell intente frotarse en nuestra pierna
mientras bajamos desde el 5to piso -y llamamos a esto

decisión: al parecer, compramos ese ticket
como quien adquiere una cadena infinita de consecuencias. Pero
no: el reverso, la frase se nos escapa y otra vez
reencarnamos en nuestro propio tránsito, aunque
éste no exista. La página que escribo ya dejó de existir, o bien
tenemos problemas con el navegador, interrumpidos
siempre por el ruido que hacemos al quitarnos las manchas, intentando
recuprerar alguna apariencia tras hacer el amor
con un perro, o quedarnos callados, fumando, con los dientes
perfectos, cuando llega un mensaje
y transforma por un momento algo importante

en algo irrelevante, y no lo percibimos.

Aníbal Cristobo









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