"El conocimiento de Dios no podrá obtenerse mediante su búsqueda, pero sólo quienes lo buscan lo encuentran."

Abū Yazīd al-Bistāmī comúnmente conocido en el mundo iraní como Bāyazīd Bisṭāmī



"¡Oh refugio del mal! Cuando la mujer menstrúa, ella se purifica después de tres días, o a los sumo diez. Pero tú, ego mío, tú llevas aquí asentado entre veinte y treinta años, y aún no has sido purificado. ¿Cuándo serás purificado? Mantenerse de pie frente al Puro (Allah/Dios) requiere de uno mismo la pureza."

Bāyazīd Bisṭāmī


“La contracción (qabd) del corazón es la expansión (bast) del ego, y la expansión del corazón es la contracción del ‘yo’.”

Bāyazīd Bisṭāmī


“Las mujeres están en mejor condición que nosotros. Ellas se vuelven puras una vez al mes, a lo sumo dos, mediante el baño ritual. Pero nosotros nunca podemos optar a la pureza excepto una vez.”

Bāyazīd Bisṭāmī


"Tengo cuatro años. Durante setenta años, estuve cubierto con un velo. Me deshice de mis velos hace sólo cuatro años."

Bāyazīd Bisṭāmī
Antes de morir




Un hombre de Bistam que no había dejado de frecuentar las lecciones de Abu Yazid ni se había alejado de él, le dijo un día:

Maestro, he sido tu discípulo durante treinta años. Ayuno continuamente, permanezco en oración toda la noche y he abandonado mis pasiones, pero no encuentro en mi corazón ni una pizca de aquello que mencionas, a pesar que creo firmemente en todo lo que dices y confío en ello.

Abu Yazid le respondió: Aunque ayunases durante trescientos años y permanecieses orando otros trescientos, y siguieses tal y como veo, no encontraría un átomo de este conocimiento.

-¿Por qué, maestro?, preguntó.

-Porque estás velado por tu propia alma, contestó

-¿Y hay una cura que levante tal velo?

-¡Sí! Pero no podrás aceptarla ni llevarla a cabo.

-No, por Dios, la aceptaré y la llevaré a cabo.

Dijo Abu Yazid: Parte ahora al barbero, que te afeite la cabeza y la barba, quítate tus ropas, vístete con una capa, cuélgate al cuello un morral y llénala de chucherías. Reúne entonces a tu alrededor a los niños, llamándolos a voces: “¡Niños! Quien me golpee, le daré una chuchería.” Vete así al zoco donde te tengan en consideración y te pueda ver todo aquel que te conozca, de esta guisa.

-Oh Abu Yazid, glorificado sea Dios. Me dices una cosa así, y crees que voy a hacerla.

-Que glorifiques a Dios por una cosa así es idolatría, le contestó Abu Yazid.

-¿Cómo?

-Porque has considerado a tu alma más importante y la has ensalzado.

-Pero, Abu Yazid, es algo que no soy capaz de hacer. Indícame otra cosa que pueda hacer.

-Empieza con eso ante de todo, hasta que pierdas tu fama y se humille tu alma. Después ya te enseñaré que es lo que te curará.

-No me impongas eso.

-Ya te dije que no lo aceptarías, pues ya lo sabía, terminó Abu Yazid.

Bāyazīd Bisṭāmī










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