Ciudad nocturna

En el tren militar que te bordea
tan lentamente, tembloroso
me tiendo a tus siniestros resplandores
en un aliento de árboles.

Mientras duermes y hay alguien,
quizá, que muere en lo alto de los cuartos,
y tú te alejas con un rostro
detrás de cada vidrio
—tú misma un rostro, un rostro solo
que por siempre se cierra.

Vittorio Sereni


Esos chicos que juegan

un día perdonarán
si prestamente nos quitamos del medio.
Perdonarán. Un día.
Pero la distorsión del tiempo,
el curso de la vida desviado tras pistas falsas,
la hemorragia de los días
por la abertura del entendimiento corrompido:
eso no, no lo perdonarán.
No se perdona a una mujer un amor mentiroso,
el ameno paisaje de agua y hojas
que se desgarra develando
raíces putrefactas, miasma negro.
"En el amor no existen los pecados",
se enfurecía un poeta en los años tardíos,
"existen solamente pecados contra el amor".
Y ésos no, no los perdonarán.

Vittorio Sereni


La playa

Se fueron todos-
parloteaba la voz en el auricular.
Y luego, sabido, -No regresarán-.

Pero hoy
en este tramo de playa nunca visitado
esas manchas solares... ¿Señales
de que los que se fueron no lo hicieron del todo?
Y callan al darte vuelta, como si nada.

Los muertos no son lo que día
a día se malgasta sino aquellas
manchas de insistencia, cal o ceniza
prontas a hacerse movimiento y luz.
No
dudes - me inviste de su fuerza el mar -
hablarán.

Vittorio Sereni


Quietud 

Entre yo y esa sombra en equilibrio entre el río y el mar
sólo una línea de existencia
a contra luz de donde nace el río.
Aquel hombre
remienda sus redes, vuelve a pintar el casco.
Cosas que yo no sé hacer. Nombrarle apenas.
Desde donde estoy, hasta él,  sólo quietud.
Cada exceso se va a otro sitio. Oh apagada quietud.

Vittorio Sereni


Ya no sabe nada, alto sobre sus alas,
el primero que cayó de boca en la playa normanda.
Por eso alguien esta noche
me tocaba la espalda murmurando
que rogara por Europa
mientras la Nueva Armada
se presentaba ante la costa de Francia.

He respondido en el sueño: Es el viento,
el viento que hace músicas extrañas.
Pero si tú fueses de veras
el primero que cayó de boca en la playa normanda
ruega tú si puedes, yo estoy muerto
en la guerra y en la paz.
Esta es la música ahora:
la de las lonas que golpean los palos.
No es música de ángeles, es mi
única música, y me basta.

Vittorio Sereni









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