" "Dios se salve al menos a sí mismo", dice el invaluable Elio."

Carlo Emilio Gadda



"El instante ocupa un estrecho espacio entre la esperanza y el arrepentimiento, y es el espacio de la vida."

Carlo Emilio Gadda



"Las palabras sagradas, habiendo visto los labios del autor, huyen de él. Las cosas sagradas, habiendo visto el corazón del autor, se detienen ahí."

Carlo Emilio Gadda



"Las palabras son doncellas de puta Circe, y convierten en fiera a quien se deja fascinar por su jingle."

Carlo Emilio Gadda



"Los italianos, muy generosos en todo, no son generosos a la hora de pensar."

Carlo Emilio Gadda



Mi gran mal siempre ha sido y siempre será uno: el de desear y soñar, en lugar de querer y hacer."

Carlo Emilio Gadda



"Morir por la patria es algo dulce y honorable: de hecho algunos murieron por la patria inmortal: y otros, para mirarla desde las polillas, hay que vivir. Este cuento de hadas nos dice: los muertos mienten, los vivos están en paz."

Carlo Emilio Gadda


Según una tradición establecida, el escritor, en comparación con el hombre común, con el llamado hombre normal, tendría un suplemento de energía crítica y de razón clarividente. Es posible que en algún caso haya suplemento. Pero la clarividencia, o más exactamente la nebulovidencia, verdosa, ha guiado a la idolatría humana, que nunca se ha podido privar de su ídolo, de forjar su idea de “vate”. El apelativo de profeta, es decir, de vate, tuvo gran aceptación desde 1840 al 80 y entre nosotros hasta el 15: mil novecientos quince. Es más, hasta el 45: ¡cuarenta y cinco! Veintiocho de abril, esta vez. Muy ambicionado incluso por los que debían atribuirlo a los otros. Los que lo recibían estaban orgullosos de la adjudicación; tanto como de la atribución de caballero (de la Corona de Italia) un honesto funcionario mazziniano de correos, jubilado. Y, orgullosos, procuraban valorar su legitimidad ante la opinión ciudadana con actitudes y gestos “vatescos”, es decir, adecuados a la calificación; con vestidos y sombreros de insólitas formas, pero aptos para el fin propuesto.

Al vate se le atribuían vuelos de águila, por encima de las miserias de los hombres; con menos frecuencia, de halcón. Cisne, lo era por derecho, por nacimiento. Alguna vez era saludado como león. Estaba al caer el 27, era comparado a un combatiente; la vida era una batalla. No se sabía bien contra quién era preciso combatir, quizás contra el Papa, pero con palabras, en casa y fuera de los Estados Papales. Quizás contra algún pobre diablo que escribía a su vez frases, poco más o menos del mismo peso que las suyas, o versos, ni mucho más enfáticos ni mucho más necios que los suyos. Las profecías aisladas, no susceptibles de réplica por parte de la profecía contraria, se sostenían con toda una cadena de acontecimientos que hoy nos permiten admirarnos de su exactitud: a la profecía de la paz, del sol nuevo y del amor entre los pueblos, guerras homicidas entre caníbales, estragos de tigres, llevados a cabo por la misma ferocidad de los pueblos, dado que los pueblos eran unánimes con el jefe: Ein Volk, ein Reich, ein Führer. En otras ocasiones, los vates profetizaban, mediante profecías gemelas, y ligeramente décalées en el tiempo (desfasadas), acontecimientos contradictorios entre sí, pero alternativamente imposibles; por ejemplo, el triunfo de Belcebú y luego el de María Santísima. En fin, otras veces la palabra del vate se refería a, e incluso predecía, acontecimientos acaecidos ya; y otras veces los ignoraba totalmente.

Como podéis ver, siento el más profundo interés por los vaticinios; tengo un gran respeto por los vates; pero no trabajo como los vates: yo trabajo como los no-vates. Las exaltaciones místicas poco me exaltan. Nuestras frases, nuestras palabras, son momentos-pausa de una fluencia (o ascensión) cognoscitiva-expresiva. Duran lo que duran, un decenio, medio siglo, dos siglos, ocho siglos. Cambian de significado con la costumbre, con las variaciones de la luna, con el lento o rápido correr del tiempo; y a veces cambian de valor, de peso. Su historia, que es la loca historia de los hombres, nos ilustra sobre el significado de cada una. Detesto el tono terso de la calidad narcisística, aun cuando pueda incurrir en él sin querer, por defecto de inhibición estética, o moral. Pecamos por desconsideración. El “freno del arte” no siempre nos dirige.    

Carlo Emilio Gadda
Cómo trabajo




“... una reivindicación de las instancias profundas contra los prados cansados, un sumergirse en la comunidad viviente de las almas… desde la sátira hasta lo macarrónico… De la melancolía hasta la macarronea.”

Carlo Emilio Gadda



"Y el amanecer ya está en las lamas de las contraventanas. El gallo, de repente, la despertó de las montañas lejanas, perentoria e inconsciente, como siempre. La invitó a entrar y enumerar las moreras, en la soledad del campo que aparecía."

Carlo Emilio Gadda



















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