EL SILENCIO siempre está aquí y en todas partes
a veces, es cierto, lo sentimos más nítido:
hay niebla en los prados, la puerta del almacén
está abierta de par en par, a lo lejos canta
un tordo y una mariposa blanca aletea sin
cesar alrededor de la rama del olmo que
se mece sobre el fondo de la puesta del sol.
El crepúsculo desvanece rostros y signos,
apenas se percibe el claroscuro:
es ésta la noche del corazón del verano
y el viejo reloj de bolsillo empieza a tictaquear
de pronto, con una fuerza inusitada,
encima del escritorio.

Jaan Kaplinski



Entre las sombras del atardecer
llevan a los chicos del jardín infantil al hogar
se agranda el mundo urbano
de coches casas grandes
aunque son tan pequeños
y débiles como antes
desde la cuna en brazos
cuando las cosas no eran
más altas que la gente
los chicos de Tierra del Fuego en un bote solitario
los chicos de Varsovia en las cámaras de gas
los chicos de Tartu en la calle nevada y sombría
da miedo el destino de ustedes pequeños
todo en el mundo ya crece más rápido
ustedes preguntan nosotros y yo QUE debemos decir
que no nos perdonen si los engañamos
aunque a nosotros nos han engañado
yo creo en ustedes da miedo la vida
que debe empezar otra vez del principio
pequeño y grágil de cuerpo y de alma
y pasan camiones pesados y enormes
los jovenes dan puñetazos y escupen los dientes
la noche poblada de aviones sin paz en vigilia
es una la noche de níveas preguntas
que siente el aliento del blanco invierno

Jaan Kaplinski



Escribo un poema cada día...

Escribo un poema cada día,
aunque no estoy seguro si estos textos
pueden ser llamados poemas.
No es difícil, especialmente ahora,
cuando es primavera en Tartu, y todo cambia su forma:
los parques, césped, ramas, capullos, y nubes
por sobre el pueblo, también el cielo y las estrellas.
Si sólo tuviera ojos suficientes, orejas y tiempo
para esta belleza que nos arrastra como un remolino
cubriendo todo con un poético vuelo de esperanzas
donde una sola cosa está asombrosamente resaltando:
el hombre imbécil esperando el colectivo
sacándose las botas de sus pies lisiados,
el bastón y gorro de lana a su lado:
el mismo gorro que tenía puesto
cuando lo viste ese día
en la misma parada a las tres de la mañana
el taxi pasó a su lado y el conductor
dijo: “el idiota se ha tomado unos tragos, otra vez “

Jaan Kaplinski


LA DIALÉCTICA es un diálogo, es el juego
de los juegos con alguien más oscuro que la
oscuridad, alguien a quien no ve el ojo ni oye el oído.
Sólo de tiempo en tiempo alarga su mano
oscura e incorpóreamente blanda
y nos confunde los naipes y los trucos, las
fórmulas, las teorías, la religión y el ateísmo,
y tenemos que comenzar de nuevo
hasta que su mano o su aliento lo vuelva
a derribar todo, o entender que él
es el Otro permanente, nada más que Algo Más.

Jaan Kaplinski



Las ramas lilas se mecen con el viento, y las sombras...

Las ramas lilas se mecen con el viento, y las sombras
entran a hurtadillas por la puerta abierta del balcón,
meciéndose también. Hoy lavé las ventanas
y estuve triste por un largo tiempo: repentinamente todo
estaba tan cercano, tan claro, tan aquí y ahora,
que mi propio estar distante se vuelve más evidente,
más desolador. ¿Es real que sólo en un bosque
en el otoño tardío he encontrado amigos- carboneros y abetos?
¿Me he encontrado allí? ¿De dónde viene esta tristeza?
El sol prosigue. El viento se apacigua.
Las sombras de las ramas lilas están aún balanceándose sobre la biblioteca
antes de esfumarse.

Jaan Kaplinski




LOS NIÑOS no están en casa, por un momento
se ausentan su miedo y sus celos inexplicables,
esa lucha incesante por reclamar la atención
de su madre. Los niños no están en casa,
vuelven a oírse otras voces, que llegan
lentas: chirridos, susurros, crujidos.
El silencio va cambiando de tono, se hace
más profundo y más sordo. Los pensamientos
abatidos sacan la cabeza de debajo del ala,
se desperezan y miran a su alrededor, como
pensando (escribe que ¡pensamientos piensan!)
si vale la pena alzar el vuelo, emprender un
viaje e ir en pos de algo sublime y majestuoso
o bien aprovechar este silencio del tiempo
y del espacio domésticos, zambullirse en él,
dejarse llevar por el flujo de este día
invernal y nuboso y así redescubrir la ventana,
las paredes, el techo, las sombras y la luz, el
propio cuerpo y la voz de uno mismo y la mujer
y los niños ausentes en algún lugar, en la misma
ciudad, en esa misma luz de un día de invierno.

Jaan Kaplinski



UNA VEZ RECIBÍ una postal de las islas Fiji
que mostraba la zafra. Entonces me di cuenta
de que lo exótico no existe. No hay diferencia
ninguna entre recoger patatas en la huerta
de Mutiku y la zafra en Viti Levu.
Todo es como es, vulgar y corriente o,
para ser más preciso, ni corriente ni extraño.
Los países lejanos y los pueblos ajenos
son apenas un sueño que se sueña con los ojos
abiertos, del que algunos no despiertan jamás.
Lo mismo es la poesía: para el ajeno
tiene algo especial, místico, festivo.
¡Oh, no!, la poesía (y el poeta) apenas
se distinguen de la zafra o de la tierra donde
crecen las patatas. La poesía es como el serrín
que produce la sierra, o las virutas blandas
y pajizas que surgen del cepillo carpintero.
La poesía es como lavarse las manos
al acostarse o como el pañuelo limpio
que mi difunta tía nunca se olvidaba
de meterme en el bolsillo cuando iba a salir.

Jaan Kaplinski
Nada más que Algo más (Trad. Jüri Talvet y Albert Lázaro Tinaut).
Zaragoza, Casa del traductor, 1999


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