A fin de entender la naturaleza del lenguaje, empezaste a pintar, pensando que la lógica del referente quedaría expuesta, no bien hubieras resuelto la oposición entre punto, línea y color. De unas palabras que se deslizaban por las escalas del significado, me distrajo el humo en mi margen de aliento. Esperé la llama, el pasaje del ojo al mundo. Al amanecer, te escurriste en la cama, exhausto, alertándome contra el riesgo de sacar conclusiones a partir de lienzos ciegos. Yo aventuré que una línea podía representar una torre que alcanzara el cielo o, acaso, la lluvia en el acto de caer. Respondiste que el mundo estaba acaparando demasiado espacio ya. 

Rosmarie Waldrop


LA MATERIA DE LA LUZ

Una golondrina corta un arco en el techo, y lo vuelve a cortar
como trayendo adentro el horizonte. En mi pecho se derrama la luz
y despierta un ejército de pigmento. Las grullas chillan como bebés, y
las nubes acortan la distancia con profusión espléndida e innecesaria.
Los movimientos que mi cuerpo teme, los ejecuta en la soga tu camisa
en perfecta armonía con los elementos
Lo profundo de un río se mide en cuerpos ahogados, pero las
leyes de la naturaleza copulan locamente, con frenesí de polilla.
Recuerdo los pinos y los álamos, su reflejo, también, ahogado, y el
pañuelo blanco que se agitaba y se agitaba para acortar la distancia.
Traté de contar mis problemas y navegar hacia una nueva identidad.
Y esta curva fue a dar contra la turbulencia de los sueños
húmedos
Los años que vivimos juntos se apilan en el sendero que va a la
orilla. Con profusión espléndida. Ahora podemos caminar sobre ellos,
tomando aire fresco. Dar vuelta apenas la máscara de un “NO”
se llama “confundir” porque la máscara asume la apariencia
de la melancolía. Así como mis ojos que entraron en el cielo y
fueron derrotados por su exceso encandilador. Bandas de espuma blanca
ondulan en la bahía donde el río se desata. Como la máscara,
el contorno de las rocas, es una forma para mirar de lejos
aunque de cerca está más vivo todavía, bajo la llovizna.
Nos asomamos a la ventana y encontramos la noche demasiado pronto.
Asustados, nos agarramos de la cama, nos zambullimos bajo la piel. Para
traer el horizonte adentro y desviar las nubes hasta nuestros huesos.
Las golondrinas se ahogaron en su reflejo, junto con los pinos
y los álamos. Y el pañuelo que se agitaba y se agitaba.
¿Hasta el abrazo de una vieja puede derramar luz
si hay suficiente rojo intenso en el paisaje?
Las palabras se atascan en la garganta sin tomar la forma del amor
ni de la pena y mañana mentirán, sentimentales. Tu camisa en la soga
se seca de una identidad a otra mientras arriba de nuestras cabezas
las nubes acortan la distancia con profusión innecesaria, sí,
y espléndida. Aunque un cuerpo de agua refleje la luz y también
se la trague, yo sé que su profundidad se mide en cuerpos ahogados. Doy vueltas como una polilla hasta que el esplendor que encandila excede la ansiedad de las alas.

Rosmarie Waldrop



Por qué escribo poemas en prosa (cuando mi verdadero amor es el verso)

Amo la forma en que el verso se rehúsa a llenar todos los espacios disponibles en la página, de modo que cada verso reconoce lo que no es.

[La poesía] es el arte mismo de los desvíos, hacia el cuadro blanco de la página, hacia lo olvidado, hacia el espacio vacante hecho visible, esa falta de mundo en la que se formulan nuestras palabras. (Heather McHugh)

Y amo la forma en que el ritmo de la poesía, quizás su esencia misma, surge desde la tensión, el desajuste entre verso y oración, entre la detención en el «corte» que interrumpe la conexión sintáctica y el empuje hacia adelante del significado que intenta completar la oración.

Contraria a la opinión heredada que ve en la poesía el lugar de un calce logrado y perfecto entre sonido y significado, la poesía vive, en cambio, solo en su desacuerdo interior. (Giorgio Agamben)

Por una fracción de segundo este vacío lo detiene todo. Suspende la seguridad del enunciado para reintroducir la incertidumbre, lo posible y lo potencial. Según Friedrich Hölderlin, la distancia de la cesura —el lugar adicional de disyunción para la poesía métrica— bloquea el encantamiento hipnótico del ritmo y las imágenes:

la cesura (la interrupción contrarrítmica) se vuelve necesaria para bloquear la sucesión torrencial de representaciones… de modo tal que se haga manifiesta… la representación misma.

Un vacío que muestra la representación misma. (Yo diría: el lenguaje mismo). El silencio que hace posible la música.

O quizás:

la forma del pensamiento, la música impersonal del silencio flotando sobre cada página como un fantasma sacado de una tierra de sombras. (Russell Edson)

Así mismo, un poco más tangiblemente, nos deja sentir el campo magnético entre las dos dimensiones, el empuje horizontal de la energía se inunda, vertical, orquestal. Un aura.

Yo perseguía este vacío, esta exhibición numinosa del lenguaje. Intenté exacerbar la tensión y disyunción entre oración y verso manteniendo los versos muy cortos mientras que abría los confines de la oración a un flujo casi interminable.

Para no
dispersar
pienso cada movimiento de
mi mano
voltea
la página
el intervalo en todo su derecho

Pero empecé a echar de menos las oraciones complejas, la posibilidad de digresión, de espacio. El espacio de un movimiento diferente, menos lineal: una danza de sintaxis.

La coma permanece independiente allí donde los bordes de los cuerpos se tocan. (Vêra Linhartová)

El párrafo en prosa parecía ser precisamente la clase de espacio donde la forma podía proveer «un centro alrededor del cual, no una caja dentro de la que» (Ezra Pound).

Para escribir como laminándome a través de los tipos de madera que conozco, árboles, libros, en una improbable búsqueda de floración.

Entonces cambié el estrés por la angustia [stress for distress], como dice Charles Bernstein. La angustia de falta de coordenadas, de los desestructurados espacios de la prosa, del territorio inexplorado de la página. El entusiasmo y el terror de la apertura versus el desafío del cierre: en la oración completa y, más radicalmente, en la proposición.

Luchaba con el sueño como alguien leyendo una oración abstrusa. (Robert Duncan)

No. Esto no era tensión suficiente. No la necesaria para compensar la ausencia de desvío, de margen. Debía intentar mover el vacío y el desajuste desde el margen hacia adentro.

el espacio vacío que dejo al centro de cada poema para permitir la penetración (Lawn of Excluded Middle, II)

Debo cultivar los cortes, las discontinuidades, rupturas, grietas, fisuras, hendiduras, tropiezos, escollos, saltos, cambios de referencia y vacíos dentro de la dimensión semántica. Dentro de la oración. Hacer estallar su serpentina belleza del movimiento.

Velocidad, otra vez. Una diferente. Una energía que ata y desata constelaciones antes de que puedan petrificarse en un mapa.

«Jardinería del espacio» [Gap gardening], la he llamado. Mi principal herramienta de jardinería es el collage. Y es quizás solo otra manera de hablar de la poesía como lenguaje concentrado. (Como lo saben Pound y el idioma alemán, dichten = condensare). Dando pasos densos que recortan.

En The Reproduction of Profiles todos mis poemas partían de frases de Wittgenstein. Algunos otros de frases de Mei-mei Berssenbrugge, y otros de Kafka.

Había confundido la Torre de Babel por la Ebriedad de Noé.

Desplazamiento, diálogo, metamorfosis. Escribimos sobre un palimpsesto. Dejar intacta la cita transporta la «Descripción de una lucha» (Kafka) por entero, junto a un aire de la destrucción que es la Beatriz de la creación.

En [la cita] está espejada la lengua angelical en la que todas las palabras, sobrecogidas por el contexto idílico del significado, se han vuelto lemas en el libro de la Creación. (Walter Benjamin)

Con un aire más soberbio, el rechazo de Wittgenstein de «las preguntas fundamentales» viene a probar «que los ríos más profundos no son, de hecho, ríos en absoluto».

El desplazamiento me importa menos que el destello de luz en el corte, los bordes irradiando energía. La fragmentaria, «rasgada», naturaleza de los elementos. Una cita íntegra como la oración sobre la Torre de Babel es la excepción y funciona como un indicador de caminos.

Fascinación por la sintaxis lógica. «Si—entonces». «Porque». Pero yo intento socavar la certeza y autoridad de la lógica al deslizar en medio cuadros de referencia, compadeciéndome, en especial, de la lógica puesta en contra del cuerpo.

El cuerpo es, después de todo, nuestro medio para tener un mundo. Incluso para tener lógica.

El teatro retórico: ¿una mujer se dirige a su amante?
¿Un diálogo entre dos lados de una mente?

El diálogo cultiva por definición, por el cambio constante de perspectiva, las separaciones. Lawn of Excluded Middle continúa el uso del «tú» retórico. Pero en el tercer volumen de la trilogía, Reluctant Gravities, decidí dar a la segunda persona igual peso y duración. Esto me llevó a la pregunta: ¿quiero que las voces sean distintas? ¿Quiero, por ejemplo, dar el vocabulario científico a la voz masculina y a la voz femenina las afirmaciones sobre el lenguaje? La verdad es que no me interesan los personajes, la psicología, ni el tradicional «hablante» o máscara de la poesía. Las voces no «representan», sino que formulan el espacio sináptico entre ellas. A excepción de este constante cruce de la separación en la que ambas podrían haber sido una sola voz. Por esto también es que las voces no siempre se involucran con lo que la otra ha dicho. Giran bruscamente, buscando su propio tren de pensamiento y por ende ampliando la separación, el espacio, la tensión, marcando el corte.

¿Y qué pasó con el sonido? Cuando el «verso libre» dio un paso al costado de la métrica se alejó de lo oral. El poema en prosa se mueve aún más lejos en esa dirección. Su sonido y su ritmo son más sutiles, menos inmediatos, menos «memorables». Si se cuenta algo, se cuentan palabras u oraciones más que acentos o sílabas.

La definición del poema según Valéry como «una duda prolongada entre sonido y sentido» no funciona aquí, no al modo en que imagino que la pensó. Mi amado choque entre ambos (aún presente en el juego de palabras) ha sido desplazado. La fisura es ahora más entre sentido y sentido, sentido y sintaxis, densidad e intensidad.

Pero hay muchos tipos de música. La sintaxis es ritmo, sonido en movimiento. Incluso si el sonido no parece estar en primer plano, es el cuerpo, la materialidad del poema. Lo que mueve la superficie que llamamos mente. Es (más que nada) el sonido que hace cortocircuito en la transparencia de la palabra ante lo significado, que algunos consideran su ventaja:

Un símbolo que también nos interesa como objeto es una distracción. (Susanne Langer)

Esta «distracción» es precisamente la que nos entrega la poesía digna de su nombre: la palabra como una cosa palpable, sensual, un cuerpo resonante. La palabra hecha carne. La carne de un pájaro, capaz de batir sus alas. Hacia esa especie de límite matemático donde, variando a Zukofsky, la palabra se acerca tanto al arte sin palabras de la música como a la música sin sonido del silencio.

Rosmarie Waldrop



Sólo en conexión con un cuerpo, tiene sentido una sombra. Yo llamé perro a la mía, el modo en que corría delante de mí en la polvareda, respirando veloz y estirando su pequeño hocico ahí adelante —pese a que hay intervalos en que la luz se quieta y el aire no resiste. Abandonada en mi cuerpo, la memoria de las casas a una cierta distancia, sus techos y chimeneas para que la oscuridad fluya en convenciones arbitrarias. Por eso no te gusta cuando me emborracho. Me quedo dormida en la calle, sin una mísera sombra donde yacer y el gentío se agolpa a mirar, temeroso de verse defraudado.

Rosmarie Waldrop


Todo lo que...

Todo lo que de algún modo es pensable, dijiste, puede ser objeto de
meditación. Cuando pregunté si te referías a la guerra nuclear, la
ingeniería genética o al matrimonio, te apresuraste a cerrar la
ventana. Yo te había visto, en el parque, sacar una cascara de banana
de la sandalia de la estatua de Constance Witherby y recitar con
gestos ampulosos: ¿un poema? ¿una oración fúnebre? Mi formación
musical no me permitía leer esa partitura, no con el viento soplando
en tu pelo contra la llegada del invierno, aunque si las golondrinas
hubieran dejado de sobrevolar en círculos en el sólido azul, me habría
faltado el aliento. Punzante olor de mar, de peces acunándose en
oleajes. Y nubes ya. Tú dijiste que sería distinto si fuésemos capaces
de habitar afuera de la lógica. Supe que querías decir: descalzos.

Rosmarie Waldrop














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