"Con el avance de la primavera, llegó la floración de los cerezos."

Ihara Saikaku


"De bahía en bahía, fue recalando en Sano, de la región de Izumi, en el templo Kasén, y en Kada, aldeas todas de pescadores. En Kada retozaban con pública notoriedad no ya las mocitas de las diversas familias, sino hasta sus madres. Y a pesar de ser un villorrio, adoptaban todas la modas de la Corte, cubriéndose con capelinas de algodón, color violeta. Cuando los hombres faenaban en la mar, se desmandaban las mujeres, sin que nadie se lo reprochase. Y al volver los maridos, ponían ellas los remos enhiestos junto al dintel, como señal para que no se acercaran sus picarones.
Al atardecer, Ionósuke tuvo un recuerdo para la diosa del templo Awáshima, y contemplando los remolinos y corrientes del freo de Iura, recordó el viejo poema:
El que tiene amores, marcha a la ventura,
como el marino, si el timón se rompe,
en Freo de Iura.
Y pensó: «Alguien antes que yo por lo visto ha sentido la emoción de las cosas».
El caso es que se enfrascó en innumerables amoríos sobre almohadas playeras, y diciéndose: «No se vive mal aquí», se demoró en el lugar bastantes días, hasta que empezaron los celos de las mujeres, sin que parecieran tener remate. Se halló al cabo sin poder responderles con la cabeza levantada, con lo que su promiscuo desenfreno sólo consiguió darles achares y soliviantarlas a todas.
Él solo contra la patulea, si un día lo linchaban, ¿qué hubiera podido hacer después? Con que para despejar los resentimientos de unas y de otras, las invitó a beber, las consoló contando anécdotas de su vida pasada y diciéndoles: «Pelillos a la mar», las sacó a todas en varias barquichuelas a dar un paseo por la costa.
Estaba a la sazón el cielo claro, como suele a finales de junio, mes sin agua, pero se alzó por los montes de Tamba un horroroso nubarrón, no infrecuente por aquellas fechas y conocido en la jerga local como «Perico Tamba». Empezaron a caer chuzos de punta y rayos enfilados a los ombligos. Sin pausa ni tregua sobrevino un vendaval, más relámpagos, y las barcas donde iban las mujeres desaparecieron sin saberse el paradero ni a qué bahía fueran arrastradas.
Iba Ionósuke al garete, y a las cuatro horas alcanzó la bahía de Fukéi. Cayó desmayado y estuvo largo tiempo como concha incrustada en la arena, expuesto a ser cubierto por el mar, cuando un hombre que recogía pecio lo reanimó. Ionósuke sólo recordaba haber oído, vago y distante, el graznar de una grulla."

Ihara Saikaku
Hombre lascivo y sin linaje



"En vista de nuestros años de intimidad, me duele profundamente que dudes en morir conmigo. Para que no sea una barrera para mi salvación en la próxima vida, decidí incluir en este testamento final todos los rencores contra que has acumulado en mí desde que nos conocimos. Primero: Me dirigí de noche a tu distante residencia un total de 327 veces durante los últimos tres años. Ni una sola vez dejé de encontrar problemas de algún tipo. Para evitar ser detectado por patrullas haciendo sus rondas nocturnas, me disfracé de sirviente y escondí mi rostro detrás de la manga, o cojeé con un bastón y una linterna vestido como un sacerdote. ¡Nadie sabe hasta dónde hice para encontrarme con usted!"

Ihara Saikaku
Carta de amor enviada en una lubina (1687)
https://es.qaz.wiki/wiki/Ihara_Saikaku





"Este comerciante se decía: «En este mundo, meses y años pasan como sueños o apariciones fantasmales. He aquí ya el quincuagésimo aniversario de la muerte de mi padre. Me felicito por haber vivido hasta ahora para poder celebrar esta ceremonia. Tal como enseña la tradición de los antiguos, en el quincuagésimo aniversario se come ligero por la mañana, pero por la noche se come pescado, se canta y se bebe. Y, a partir del siguiente año, ya no se celebra ninguna ceremonia de condolencias por el difunto». Considerando que la ceremonia era la última, estimó que debía hacer mayores gastos, y con ese fin había ordenado todos los preparativos. Las mujeres del vecindario que tenían trato con la tienda se habían reunido allí y secaban, para colocarlos enseguida en los estantes, las tazas y utensilios diversos así como los objetos laqueados tales como jarras, vasos chatos, tacitas y bandejas montadas sobre pie. A la mujer del tonelero, que estaba en términos de amistad con la casa, habiéndose presentado para ayudar en la cocina, se le pidió, ya que era atenta y hábil, que fuera a la repostería y acomodara los pasteles en los azafates rectangulares de altos bordes. En estos azafates, Osén disponía ordenadamente los pasteles rellenos de pasta de frijoles rojos, caquis redondos y chatos, gruesas nueces mondadas; pasteles secos llamados rakugan que se preparan con harina de arroz; frutos de kaya, palillos de cedro para pinchar y coger los dulces. Había ya casi terminado su trabajo, cuando al amo de casa, Chozaemón, al querer bajar del estante unas escudillas, se le resbalaron de la mano y fueron a dar sobre la cabeza de Osén. Los lazos que mantenían el lindo tocado de la mujer se desanudaron de inmediato; pero ella le dijo al amo, que se disculpaba: «No se preocupe, no es nada» y, después de haber enrollado su cabellera deshecha, se dirigió a la cocina. Al verla, la mujer del amo, presa de los celos, le dijo en tono de reconvención: «Tu cabellera estaba muy linda, no hace un instante, pero de pronto se te ha deshecho toda en la repostería. ¿Qué ha sucedido, pues?». Osén, que no tenía nada que reprocharse, respondió tranquilamente: «Es que al señor se le cayeron unas escudillas cuando las sacaba de la repisa». Por más que dijo la verdad, el ama no quiso admitirla en absoluto. «Así, pues», dijo, «¡resulta que las escudillas se caen extrañamente, en pleno día! No sabía que en casa teníamos escudillas tan seductoras. El tocado se deshace cuando una se acuesta demasiado deprisa, sin descansar la cabeza en una almohada. Y ese hombre, a su edad, y en el curso de una ceremonia por su difunto padre, dedicándose a hacer el amor». Furiosa, derribó y arrojó a un lado los platos donde se habían dispuesto con todo esmero, en las más variadas formas, tajadas de pescado crudo. Durante todo el día, con cualquier ocasión, no cesó de remachar sobre el incidente y acabó por refregar desagradablemente los oídos de quienes le rodeaban. Fatal desgracia para el amo ser el esposo de una mujer tan profundamente celosa. Después de haber oído todo el día, con gran disgusto, las palabras del ama, Osén juzgó que el corazón de aquella mujer era verdaderamente detestable. «Y bien, ya que me ha desprestigiado acusándome injustamente», se dijo, «peor para ella. ¡Voy a emprender la seducción de Chozaemón para darle una buena lección a esa mujer!». Pero este particular sentimiento de venganza pronto se convirtió en un amor real. Llegó a intercambiar con el amo confidencias secretas y ambos no esperaban sino una ocasión para llevar a buen término la satisfacción de su pasión amorosa. Esto fue el veintidós de enero del segundo año de la era de Yokio en 1685. Esa noche era favorable, pues es para las mujeres la oportunidad de reunirse, como distracción del Año Nuevo, a fin de jugar a la lotería y otros juegos. Entretenidas con éstos, todas se divirtieron hasta horas bastante avanzadas. Algunas que habían perdido, se retiraron del juego, pero otras que habían tenido suerte seguían incansables probando su fortuna. También había algunas que sin darse cuenta se habían quedado dormidas y roncaban plácidamente."

Ihara Saikaku
Cinco amantes apasionadas




"Los hombres se toman muy en serio sus desgracias y las mantienen allí. Un jugador no habla de sus pérdidas; el frecuentador de burdeles, que encuentra a su favorito comprometido con otro, finge estar igual de bien sin ella; el peleador callejero profesional guarda silencio sobre las peleas que ha perdido, y un comerciante que especula con mercancías ocultará las pérdidas que pueda sufrir. Todos actúan como quien pisa estiércol de perro en la oscuridad."

Ihara Saikaku
Lo que las estaciones trajeron al creador de almanaques (1686)
https://es.qaz.wiki/wiki/Ihara_Saikaku



"Mi señora estaba totalmente avergonzada, y yo también sentía mucha pena. Así, entré a su servicio privado y le ayudé a guardar las apariencias.
Mas, a medida que pasaba el tiempo, empezó a sentir celos de mi melena, abundante y negra. Finalmente, me ordenó cortarme el pelo. Aunque era algo humillante, la obedecí. Pero no fue suficiente. Luego me mandó arrancarlo por encima de mi frente. Ante aquella crueldad, le rogué que me separara de su servicio, a lo cual ella se negó rotundamente. Por el contrario, se volvió cruel y me atormentaba día y noche.
Mi cuerpo se extenuaba mientras crecía en mí un profundo rencor. Empecé a preparar hábilmente mi venganza. Tenía que lograr, de alguna manera, que el secreto de mi patrona fuera descubierto por su esposo. Para lograr mi propósito, adiestré al gato, que era la mascota preferida de la casa, para que todas las noches las pasara sujeto a mis cabellos. Al final venía todas las tardes a acurrucarse en mi hombro.
Un melancólico día de lluvia, el amo accedió de buena gana a mezclarse con las mujeres. Desde temprano nos acompañó al koto con su mujer. En cierto momento, tomé al gato y, sin dudarlo ni un instante, lo arrojé sobre mi señora. El gato se aferró al cabello de ella; el tocado, su horquilla y su soporte de madera se derrumbaron, y así se desvanecieron cinco años de amor. Mi patrona, que no era ya la hermosa mujer que había pretendido ser, se precipitó a su habitación a esconderse entre sus ropas de seda. Después de ello, su personalidad se desgarró. Pasó algún tiempo alejada de su marido, hasta que con algún pretexto se marchó de vuelta a su tierra natal."

Ihara Saikaku
Vida de una mujer amorosa




"Nuestros padres nos dan la vida, pero el dinero es el único que nos la conserva."

Ihara Saikaku seudónimo de Hirayama Tōgo



"Para hacer una fortuna algo de ayuda del destino es esencial. La habilidad por sí sola es insuficiente."

Ihara Saikaku


"Si ganar dinero es un proceso lento, el perderlo es muy rápido."

Ihara Saikaku
El almacén eterno de Japón








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