"Cuando me encierro aquí, me parece que olvido hasta la cruel guerra que estamos sufriendo."

María Sánchez Arbós


"En mi continuo contacto con la Institución aprendí más que enseñé dando clases desde párvulos hasta mayores; asistí a las colonias infantiles en verano y me vi siempre rodeada de sinceridad y de ánimos para la lucha. Aún me parece oír la dulcísima voz del señor Cossío, diciéndome: “Alma, alma, María”, en los momentos de desánimo de mi trabajo."

María Sánchez Arbós



"Estas notas no han sido escritas sobre la mesa de un despacho, han sido vividas en la propia escuela y experimentadas ante la presencia de los niños. No he sentido prisa por darlas a conocer. Siempre he creído que casi nadie las leería. Ahora que ya vivo retirada de todo, me ocurre pensar que quizá a algún padre preocupado por la suerte de sus hijos o a algún maestro apasionado por su escuela, les pueda servir de agradable curiosidad leer lo que una maestra entusiasta de su oficio ha pensado sobre los niños, y cómo se ha preocupado por ellos."

María Sánchez Arbós


"Fiesta de la Raza. ¡Con qué tristeza te miro y te veo indómita y anárquica! No sé qué decir a los niños. Mejor será no decir nada ni mencionar esta desdichada guerra, que yo querría olvidar (…) Pobres niños, tan indefensos y tan inocentes! El ayuntamiento ha mandado una litografía del actual Presidente de la República, para que se ponga en la escuela. No quise poner la del anterior Presidente, ni voy a poner ésta. La escuela debería recordar solamente a los hombres que han laborado por ella, cuyo recuerdo es imperecedero. Esta variabilidad de personajes, adorados o despreciados según el sentimentalismo de los tiempos, no debe estar en la escuela. Esperaré un poco a ponerle marco, como esperé a ponerlo al primero, que no vio la hora de adornar la pared."

María Sánchez Arbós


"Hoy tengo que consignar mi profundo pesar por retirarme de la labor escolar. El último día de este mes cumplo 70 años, y la ley me obliga a jubilarme. Me apena de modo extraordinario tener que abandonar la escuela. Para consolarme, quiero pensar en las humillaciones que he tenido que sufrir, en los peligros que soslayar, en la fría acogida de mis compañeras y en las peligrosas envidias. Pero nada sirve para borrar la amargura de perder la escuela donde, ante la presencia de las niñas se me ha olvidado todo lo desagradable y se me han disipado todos los pesares."

María Sánchez Arbós



"La ley me obliga a jubilarme."

María Sánchez Arbós



"Mi escuela ha sido deshecha, los niños disueltos... yo encarcelada. ¿Razón? No he podido averiguarla todavía."

María Sánchez Arbós



"Vengo a la escuela triste de verdad. Mañana se abrirá a los niños sin la sombra protectora del señor Cossío que se nos fue el día 1. Conocía la escuela porque yo se la había descrito tantas veces... ¡Cuánto hemos discutido sobre ella! "Quite usted, María, todo lo que sobre -me decía-; no se preocupe usted de que sobre más que alma". Y yo lo tomaba con tanto ahínco que llegaba él a regañarme amorosamente cuando veía que me excedía en mi afán. Más de una vez he ido a él desconsolada y débil, y siempre he hallado ánimo en sus palabras. "No se desconsuele, María; usted conseguirá cuanto se proponga". ¡Qué ganas de llorar he sentido hoy al entrar en la escuela! He recordado una vez más el valor inestimable que para mí tenía su sola sombra, dentro y fuera de la escuela."

María Sánchez Arbós
















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