Epopeya

He vivido en sitios importantes, tiempos
en que grandes cuestiones se dirimían, de quién era
aquel octavo de acre pedregoso, una tierra de nadie
rodeada por reclamos defendidos con horquetas.
“Maldita sea tu alma” —escuché gritar a los Duffy—
y vi al viejo McCabe, desnudo hasta la cintura
pisar el terreno desafiando el acero:
“La marca son estas piedras rojizas”.
Ese era el año del asunto de Munich *. ¿Cuál era más trascendente?
Me inclinaba a perder la fe en Ballyrush y Gortin **
cuando llegó el espectro de Homero, susurrando a mi conciencia.
“Hice la Ilíada de una riña local
como esa”, me dijo. Los dioses crean su propia importancia.

* En la semana del 24 al 30 de septiembre de 1938, Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier se reunieron en Munich para considerar las pretensiones alemanas de anexión del territorio de los Sudetes, región perteneciente a la antigua Checoslovaquia.
** Dos pueblos de la parroquia de Inniskeen.

Patrick Kavanagh



Inocencia

Se rieron de mi amada…
la colina triangular que pendía
bajo Big Forth. Dijeron
que estaba encadenado a los setos de espino
de la vieja granja y no conocía el mundo.
Pero yo sabía que la puerta del amor a la vida
es la misma puerta en todas partes.

Avergonzado de la que amaba,
la arrojé de mí y la llamé zanja,
aunque me sonreía con violetas.

Pero ahora he vuelto a sus brazos de brezo;
el rocío de San Martín cubre
los tallos blanqueados de las patas.
¿Qué edad tengo?

No sé mi edad,
no tengo edad mortal.
Nada sé de mujeres,
nada sé de ciudades,
no puedo morir
si no salgo de estos setos de espino.

Patrick Kavanagh



Paz

Y a veces estoy triste cuando el pasto
crece en silenciosos huecos sobre las piedras
y el pasto ovillo se inclina a través del bacheado camino de carretas
por no ser la voz de mis compatriotas
quienes ahora se paran sobre un promontorio a hablar
sobre los nabos, papas, o el incipiente maíz
de territorios de laderas rayadas por la victoria.
Aquí la paz está aún ofertando
sus peines coloridos y bufandas y cuentas de asta.

Sobre un promontorio junto a un seto de boj
una liebre se sienta y vislumbra un surco rastrillado
hay un viejo arado dado vuelta sobre un promontorio lleno de malezas
y alguien está cargando al hombro una pequeña grada a casa.
De aquel país de la niñez ¿qué tontos suben
para pelear con los tiranos Amor y Vida y Tiempo?

Patrick Kavanagh



Recuerdo de mi padre

Cada viejo que veo
me recuerda a mi padre
cuando se enamoró de la la muerte
una vez cuando se recogían las gavillas.

Ese hombre que vi en Gardner Street
tropezando con el cordón de la vereda fue uno,
me miró como distraído,
podría haber sido su hijo.

Y recuerdo al músico
vacilando sobre su violín
en Bayswater, Londres,
él también me planteó el enigma.

Cada viejo que veo
en tiempo color octubre
parece decirme:
"Una vez fui tu padre".

Patrick Kavanagh


Tuve un futuro

Tuve un futuro,
un futuro.

Dioses de la imaginación, revivid
la personalidad de aquellas calles,
no unas calles cualesquiera,
sino las calles de mil novecientos cuarenta.

Dadme los ojos miopes con los que miraba,
la mente con memoria de animal,
la niebla que iba atravesando hasta el espejismo
que era mi futuro.

Las mujeres que debía encontrar
no estaban a la vista.

Y después el dolor del alma ciega
que sin saberlo está en su propio reino.

Dadme algún detalle
de cómo sentía el dinero,
sin la ansiedad posterior,
había futuro.

Mostradme la cama plegable donde dormía
en un cuarto de Drumcondra Road.
Que  John Betjeman pase a buscarme en coche.

Es verano y el redoble oscuro
de la locura en Europa agita las alas
de las mariposas sobre el canal.

Tuve un futuro.

Patrick Kavanagh



Versos escritos en un banco del Gran Canal, Dublín

Recuérdame donde haya agua,
preferentemente, agua de canal, muy calma
y verde en el corazón del verano. Hermano,
recuérdame así, bellamente
donde, junto a una esclusa, ruge como un Niágara
de cascadas para aquellos sentados en el tremendo silencio
de mediados de julio. No hablará en prosa
nadie que encuentre en su camino hasta estas islas parnasianas.
Un cisne va con la cabeza gacha de muchas disculpas,
luz fantástica mira a través de los ojos de los puentes…
¡Miren! Una barcaza llega trayendo de Athy
y de otros pueblos remotos mitologías.
Oh, recuérdenme sin tumba de valiente héroe;
apenas un banco en el canal para el paseante.

Patrick Kavanagh





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