El arte menor de la defensa personal

El paisaje nunca fue un tema, fue una técnica,
un método para medir,
                                    un andamio para la estructura.
Robé sus silencios, me metí en su tono y su grito.

El lenguaje siempre fue el tema, la idea de Dios
el fantasma que deambula sobre mi pequeño
mundo, mi portavoz de sentido,
                                    mi garra y mi afilado pico…

Charles Wright Mills



Breve historia de mi vida

A diferencia de Lao Tsé, concebido por una estrella fugaz, dicen,
Y llevado dentro del vientre de su madre
Por 62 años, y nacido, dicen nuevamente, con cabello blanco,
Yo nací una mañana de domingo,
…………………………………………sin ser tocado por los cielos,
Con un poco de cabello, sin dientes, las sombras del ocaso en mi corazón
Y bastante alejado del camino.
Shiloh, el campo de batalla de la Guerra Civil, estaba justo al lado,
El río Tennessee era una suave tela en mi cabeza y mis pies.
El búfalo de color pardo, las arenas del desierto,
Portero y personajes,
………………………….llegarían muchos años dragón más tarde.

Como Dionisos, nací una segunda vez.
Surgí un enero de la carne del muslo izquierdo de Italia
Y llegué a un mundo diferente.
………………………………………Tenía mucho sentido,
Escondido, como había estado yo, casi una vida entera.
Y entré con los ojos abiertos, el viento en mis oídos,
Despierta en mi lengua saciedad de la miel y el vino lento.
Tres años monté guardia ante las puertas de San Zenón
………………………………………….y tomé, más romano que Roma,
Todo lo que me fue ofrecido.
Las nieves de las Dolomitas se dirigían hacia mis pisadas.
Los limones del Lago di Garda caían en mis manos.

Adelantemos unos cuarenta y cinco años
……………………………………………….y una tercera depresión posparto.
Pero, como preguntó el poeta refiriéndose a otra cosa,
¿Dónde lo hallarás en la historia?
En ningún otro lugar sino este, el único mío, solamente aquí.
Mis oídos y mis sentidos enfermos parecen purificados por el sonido del agua.
Estoy de regreso, es época de lilas,
Los riachuelos corren invisibles hacia el este, cruzando la mañana húmeda,
Principios de junio. Ni una luz sobre las hojas,
Ningún viento en las siemprevivas, ninguna reverencia en la maleza aún rubia.
El mundo en toda su gracia oscura.
…………………………………………..He intentado registrarlo.

Charles Wright Mills



Infancia

Encogida y drenada hasta quedar seca, volviéndote transparente,
Me has seguido como un perro
A través del cual veo, por fin, una ventana hacia Lejos-De-Aquí, un lugar
Al que me dirijo, mi lengua desanudada, huellas
Aparentes, tus piojos de mendigo
Destiñéndose hasta el cristal a lo largo de la pierna de mi calzón:

Ahora me voy, adiós.
Adiós al caparazón de langosta y las sillas,
Adiós a las genuflexiones. Adiós a las ropas
Que circulan bajo la tierra, los nombres
Cayendo en la oscuridad, rostro
Tras rostro, como cuentas de un rosario roto.

Charles Wright Mills



 “La restauración de la naturaleza de los que son buenos, ocurre en un tiempo sin principio… Y lo que queda es siempre con lo que comienzas…Ya que lo bueno en uno suele ser lo más antiguo…Y muda es toda acción importante: desviarse del rumbo, aun fracasar, tiene algún sentido.”

Charles Wright Mills


"Los jóvenes, miembros de la clase alta, asisten a las escuelas preparatorias prominentes, que no sólo les abren las puertas de ingreso a las universidades de élite, tales como: Harvard, Yale y Princeton, sino también, de sus clubes universitarios, altamente exclusivos. Estas membresías, a su vez, les abren el camino a los destacados clubes sociales ubicados en las principales ciudades, los cuales cumplen la función de servir como sitios para contactos de negocios importantes."

Charles Wright Mills


Mañana 

La metafísica de lo cotidiano era lo que buscaba:
Un pequeño rocío en la hierba del amanecer,
Una gota de sangre en los árboles de la tarde,
                                                     una gota de fuego.

Si no brillas, eres tiniebla.
El futuro es despiadado,
                                    todos los nombres inscritos
En la solapa del Libro de la Nieve.

Charles Wright Mills




Primogénito

–Omnia quae sunt, lumina sunt–

1.
El azúcar goteando en tu vena;
La ictericia ascendiendo por tu rostro como un rubor;
La caja de vidrio donde te tienen–

La venda sobre tus ojos;
La leche cuajada en tus labios;
El tubo de plástico en tu garganta–

Las manos inadvertidas que se detienen sobre tu piel;
El nombre, como una nueva cicatriz, en tu muñeca;
La caja de vidrio donde te tienen–

Traemos lo que debemos traer;
Entregamos lo que debemos entregar;
Bienvenido, dulce Luke, a tu vida.

2.
La retribución de la buganvilia
Palpita a lo largo del monte, su lenta
Trama de enredaderas

Mantiene unida la tierra, dándole aliento;
Más allá de la ventana, el hibisco y la aguileña
Atienden sus distintas necesidades;

El verano crece.
Tú también creces,
Volviéndote accesible,
Tus ciclos líquidos

Alargados y mal definidos,
Pero absolutos, después de todo, la nueva piel
Floreciendo rosada y clara.

3.
Estás acostado aquí conmigo, justo ahora,
Inefable, todavía en algún otro lugar.
¿Qué debería uno decirle a un hijo?

¿Emociones y puntos de vista, las grandes
Abstracciones por las cuales nos gusta
Creer que vivimos –o viviríamos, si

Las cosas fueran diferentes,
O lo fuéramos nosotros, o lo fueran los otros,
Si todo cambiara y fuera distinto?

¿O algo inmediato,
Descriptivo, el uso virtuoso de las palabras?
¿Qué puede uno decirle a un hijo?

4.
Si fuera posible, si se hubiera
Pasado por alto alguna manera
De sacar esa costilla de luz pura

De su caja torácica, esas pocas vocales afortunadas
Que todo expían.
Pero nada se ha dejado a un lado,

Nada ha sido ignorado
Las palabras permanecen en la oscuridad y
Continuarán resplandeciendo allí.

Ningún truco que inventemos,
Ninguna estrategia puede extraerlas ahora.
Y el polvo es polvo por un largo tiempo.

5.
Lo que intento decir
Es esto –te digo la única cosa
Que he llegado a creer:

Aférrate a la tierra;
Imagina que tocas sus bordes crudos
Bajo cualquier clima, una y otra vez;

Imagina sus colores; ensaya
Imitar, día a día,
El crecimiento de la mañana y el anochecer,

El movimiento de todas sus criaturas;
Ríndete y alégrate.
Esta es la ley que perdura.

6.
Las laderas de Tennessee,
Las montañas de Carolina del Norte,
Sus ríos y pueblos

–Hiwassee y Cherokee,
The Cumberland, Pisgah y Nantahala,
Unaka y Unicoi–

Tiñen tu sangre y cantan en ella.
Sus sonidos son los sonidos que escuchas,
Sus formas son las formas que miras

De todos modos, cada vez que te concentras
En la tierra recordada:
Todas las cosas que son luces.

Charles Wright Mills


Sin vuelta a casa

Luego de cierta edad, no hay a quien acudir.
Tienes que encontrar a Eurídice por tu cuenta,
tienes
Que hallar por ti mismo la pequeña
grieta entre el aquí y todos los otros lugares.

¿Cómo podría ser de otra manera?
Todo el mundo se ha ido, las casas están vacías
Y las nubes grises empiezan a llenar el cielo como un sucio aislamiento.

Charles Wright Mills



Soy el signo

2. 

Soy el signo, soy la letra.
Soy el lenguaje que el que no se puede hacer concesiones.
Iré a mi última morada
                            y no seré dado a luz otra vez.
Soy lo que se esparce y que no puede juntarse.
Soy pequeño, soy silencio.
                             Soy lo que no se encuentra.

Charles Wright Mills


Transparencias

Nuestras vidas, al parecer, son la memoria
                                                           de lo que ya vivimos en otro lugar.
¿O son su metáfora?
Los árboles, si es que son árboles, parecen iguales,
                                                                       y los arroyos también.
La luz del sol suelta su claridad del mismo modo,
y las nubes, si es que son nubes,
                                                                       aun nos siguen,
una después de otra, como lo hacían en el viejo cielo, en el viejo lugar.

Quería que la metáfora, si es que es una metáfora, fuera
                                                                       siempre la misma.
Quería que las colinas fueran las mismas,
y también los ríos,
                                   en especial los viejos ríos,
el French Board y el Little Pigeon, el Holston y el Tennessee,
y yo a su lado, bajo las nubes suspendidas y las estrellas suspendidas.
Quería caminar en esa metáfora,
                                               sin ser tocado por la corrupción del tiempo.

Quería la memoria adamantina, inalterable,
quería la memoria ámbar,
                                               y yo en ella,
una figura entre los toques de luz translúcidos y los remolinos,
a medio andar en sus movimientos brillantes.
Quería la memoria aguda de la nube y brillante del río,
mi espacio en su interior transformándose, siempre en calma,
                                               sin viento y sin olas.

Pero la memoria no tiene memoria. Ni metáfora.
Se mueve como quiere,
                                               y nunca mide la distancia.
Algunos han muerto de sed al atravesar la memoria.
Nuestras vidas son algodón de verano, parece,
                                               y duran una temporada.
El viento sopla, el río fluye, y las olas se elevan.
El logo de la memoria es un abismo, y eso no es una metáfora.

Charles Wright Mills














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